Francia actúa como Daniel el herrero
Yo levanto las cuatro patas de ese mulo del suelo con una mano.
Ni con una mano ni con las dos le digo yo.
El tío se va para la bestia, le engancha una mano y se la levanta, luego la otra y así las cuatro.
Así no vale le digo.
¿Y quién dijo que no?
Juan Lobón se veía de esta manera burlado por Daniel el herrero en la novela El Mundo de Juan Lobón, todo un canto a la justicia frente a la ley. El episodio tiene cierta similitud con el caso Kelli White. No es la primera vez que Francia actúa como Daniel el herrero.
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Francia, que ha establecido una ejemplar lucha contra el dopaje, siempre se las ingenia para ganar sus apuestas o, al menos, dejar en evidencia al acusado si no encuentra la prueba definitiva. Lo hizo con Delgado y el probenecide, con Indurain y el ventolín, este mismo año llegó incluso a sancionar unilateralmente a Igor Gónzález por el ventolín, hace dos años a Olga Yegorova por la EPO y hace unos días los laboratorios franceses transmiten a la Federación Internacional de Atletismo que Kelli White no ha tomado estimulantes, pero sí similares, por lo que puede correr pero sin sus dos medallas.
En Francia, el "¿y quién dijo que no?" está a la orden del día. Corre Kelli White en otro país, como de hecho ha sucedido este mismo año, encuentran lo que le han encontrado y como la sustancia no aparece específicamente en la lista dan por cerrado el caso. Pero en Francia, no. En Francia lo primero que plantean es: ¿Y quién dice que esta sustancia no es similar a las prohibidas? Ya está el lío armado. Saca así provecho, como Daniel el herrero, de una evidente falta de transparencia a la hora de establecer las reglas del juego, lo que crea confusión, recelo y desconcierto. Y esto no es bueno.
