Triple alegría
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Ayer fue uno de esos días en los que una carrera de motos me emocionó como otras pocas cosas más pueden hacerlo. Confieso que soy un sentimental y lo que ocurrió en el GP de Portugal de 125cc me hizo sentirme feliz, muy feliz, por partida triple. Me explico. Primera razón: el ganador. Conocí a Pablete cuando tenía siete u ocho años (no recuerdo bien) y era un pequeño diablillo montado en una minimoto. Con su apellido tenía que llevar esto de las motos en los genes, a la fuerza, y ya desde entonces quería ser algún día un gran piloto. Pero sobre todo me parecía un estupendo chaval que merecía su sueño.
Segunda razón: Ángel. Campeón entre los campeones, amigo de sus amigos, enamorado del deporte que le ha dado todo y padre, muy a su pesar, de pilotos. Mandó a Pablo a Suiza para que estudiara y olvidase las motos, pero ni por esas. Yo sé, Ángel, que lo pasas mal y el triunfo de ayer de tu niño es la mínima recompensa para tu esfuerzo y tu desasosiego permanentes. Tercera alegría: Aspar. El jefe de un equipo en el que ahora todos se miran y mi mejor amigo piloto en mi época de enviado especial a los grandes premios. Y un tío honesto como pocos. Felicidades a los tres, de corazón.
