La voluntad de Domoraud es la de Dios

Cyril Domoraud tiene ya 32 años y un balance deportivo suficiente como para andar pensando en la retirada. Al marfileño se le apagó en 2001 la luz del calcio, pero aceptó casi enloquecido la oportunidad de una cesión al fútbol español. Tras renovar el compromiso, Domoraud trabaja para dar solidez al Espanyol en el centro del campo. Casi siempre lo consigue.
Y cuando Domo (suena mejor) se calza las botas en el vestuario, ve a lo lejos la figura de su Dios ("cada cual tiene el suyo") y ante el que lo antepone todo. "Rezo constantemente. En la Liga pasada creo que los agoté todos". Evangelista confeso, Cyril relaciona toda su vida con la plegaria, con la creencia de la existencia de algo más allá de un campo de fútbol y de una vida. "Sólo Dios sabe si me voy a retirar en el Espanyol. A mí me gustaría, pero el destino lo tiene él en sus manos".
Este tímido irrecuperable sostiene que es imprescindible orar en pleno partido, si es que realmente lo necesitas. Sólo los diez españolistas restantes que salen al campo cada domingo saben qué dice Domoraud cuando forman esa piña antes de iniciar el partido. Ese rito es más que un hip, hip, hurra con las manos entrelazadas. Parece una veneración, como si los pericos dejaran en las manos de Domoraud y su fe la suerte del encuentro. No se trata de una llamada a la motivación, sino un deseo de que alguien les ayude.
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Tanto dentro del campo como fuera de él, el marfileño ha encontrado otro gran apoyo: Pierre Wome. El lateral camerunés es la sombra de Domo cuando los entrenamientos concluyen. Sus charlas y sus vivencias las comparten como dos hermanos.
Domoraud y Espanyol, un idilio que tendrá pronto final, pero que quizá perviva para siempre. Sólo falta que la familia encuentre una iglesia adecuada en Barcelona y que la situación política en Costa de Marfil permita dejar salir a los que allí se quedaron.