El punto de no retorno
Refugio de Kibo (4.732m). Desde aquí hasta la cima del Kilimanjaro ya restan sólo 1.163 metros de desnivel, los 949 primeros muy verticales. Kibo marca el punto de no retorno. Quien sale de allí es para llegar a la cima, o al menos intentarlo, con un elevado número de posibilidades. Darse la vuelta a mitad de camino es poner en peligro el éxito de la expedición. Quien baje lo ha de hacer acompañado de otro miembro del equipo para garantizar su seguridad. El mal de altura es la mayor amenaza, incluso para quienes gozan de una excelente forma física.
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La decisión de salir o no hasta la cima habrá que tomarla esta noche. El ataque a la cumbre se inicia a medianoche por dos razones. La fundamental, que luego queda un descenso de 20 kilómetros hasta el refugio de Horombo y hay que hacerlo de día; la psicológica, que de noche no se ve la larguísima ascensión por el cono del volcán y así la moral no sufre quebranto. Frío ya se sabe que va a hacer: unos quince grados bajo cero. Penalidades tampoco van a faltar: se trata de una ascensión de ocho horas. Problema: la creciente falta de oxígeno, que no afectará a todos por igual.
La seguridad es máxima pues es lo que prima en cualquier expedición de alta montaña. Fernando Garrido, que tiene el récord de permanencia en solitario en altura, con 62 días a 6.900 metros, dirige el equipo. También están Ferrán Latorre y Manuel Benito, expertos himalayistas de Al Filo, Francisco Valero, de rescate de la Guardia Civil, Marlén Gómez y Juan Bazán, montañeros de Aragón Aventuras. Cuatro guías locales acompañan a la expedición. Objetivo: que alguno de los siete jóvenes del equipo pise al amanecer los cielos eternos de África.
