Una Serbia herida amenaza a España
Sin las estrellas de los últimos años, no están a la altura de siempre.


En 1989 Kareem Abdul-Jabbar se retiró y abandonó a Los Angeles Lakers, que resistieron en la cumbre de la NBA, a duras penas, un par de años más: hasta que también cayeron Mychal Thompson, Cooper y, sobre todos, Magic Johnson. Pat Riley dejó el banquillo. Entre 1991 y 1994, los Lakers vivieron un calvario de devaluación que arregló Jerry West en 1996 con Shaquille O´Neal y Kobe Bryant.
Bueno, pues eso que les pasó a los Lakers en un ciclo de tres o cuatro años le ha ocurrido en menos de uno a la selección serbia, vigente campeona del mundo. En el camino de Indianápolis a Suecia se han quedado Dejan Bodiroga y Divac, el Magic y el Kareem de los plavi, y jugadores de apoyo tan complementarios y tan buenos como Tomasevic, Radmanovic o Cabarkapa. Los NBA Rebraca y Milicevic, ni pensar en ellos. Svetislav Pesic y su prestigio se quedaron en Barcelona. Y el impacto ha sido brutal. "Sólo podemos esperar que el descanso les valga a Bodiroga y a Tomasevic para llegar a punto a Atenas, porque a Divac no lo esperamos: se ha retirado de la selección", reflexiona Stojakovic, que añora a Pesic.
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Así que la selección ex yugoslava se mueve en Suecia como un bando de pollos descabezados, privados de sus referentes anímicos y desequilibrados en los departamentos técnicos. Faltan pívots de entidad y sobran aleros para los lanzamientos largos. Discuten Stojakovic, Drobnjak y Gurovic. No hay líder. Jaric, por muchas camisetas de los Clippers que coleccione, no vale ni para amarrarle a Bodiroga los cordones de las botas. Vujanic ayuda... a tirar. Defienden tan mal como siempre: Kirilenko los dominó desde fuera y desde dentro.
Opciones numéricas. España será primera del grupo incluso si pierde por menos de nueve puntos ante Serbia. Será segunda si pierde por 10 a 13 puntos. Si cae por más de 13 acabará en tercer lugar y los plavi se auparían al liderato, siempre que Rusia, claro, gane a Suecia.