Tufillo sospechoso
Olvidémonos, siquiera por un instante, de dimensiones, surcos y normas. Puede que sean las claves técnicas, pero desde luego en absoluto la esencia del conflicto. Coincidirán conmigo en que cuanto rodea a la guerra entre la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) y Michelin tiene cierto tufillo que invita a la sospecha.
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Podría cambiar de opinión si alguien fuera capaz de explicarme cómo en el deporte la milésima, de la precisión, de las verificaciones y de los estrictos comisarios técnicos es posible que se disputen trece carreras (no una, ni dos... ¡trece!) sin que nadie se dé cuenta de que algunos coches, varios de ellos de ganadores, llevan ruedas más anchas de lo estipulado. ¿Increíble, no?
Ahora, en Ferrari reconocen lo que ya se sospechaba: que han sido ellos los que han dado el chivatazo a la FIA sobre las supuestas irregularidades de los neumáticos Michelin. ¿Por qué no lo hicieron antes? Quizá porque no pensaban que el título se les iba a poner tan caro. Ni que nuestro Alonso sería capaz de doblar a su Schumacher...
