Yo digo Juan Mora

Se juega como se entrena

Juan Mora
Importado de Hercules
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Levantarse justo a la media noche, tratar de desayunar a continuación, y empezar el camino a la una de la madrugada hacia los 4.565 metros del volcán Meru es sólo un entrenamiento. Un entrenamiento, para empezar, por lo que la ascensión podría justificarse por sí sola, de una belleza monumental. A 3.505 metros, punto de salida desde el refugio de Saddle Heut, en el corazón de África, la noche es más noche, las estrellas son más estrellas y Marte, en estas fechas, es más Marte que nunca. El amanecer llega sobre las aristas del volcán.

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Pero la ascensión al Meru es también un entrenamiento brutal. Se sube porque es ideal para conseguir la aclimatación a la altitud. Y se sube porque reproduce con gran exactitud el esfuerzo que habrá que realizar el día de ataque a la cumbre del Kilimanjaro. Ese día son siete horas de ascensión, desde la cota 4.732 a la 5.895, y nueve horas de bajada, desde la cumbre hasta la cota 3.780. La ascensión al Meru son mil metros de subida y tres mil de bajada. El Meru no decide quién podrá subir al Kilimanjaro, pero sí quién no podrá coronarlo.

Por eso la subida al Meru se afronta tan despiadadamente. Porque se juega como se entrena y se hace necesario soportar una jornada de gran dureza para llegado el día del Kilimanjaro, hacer frente y superar todas las dificultades que esperan. Hoy comienza la cuenta atrás de la ascensión. Superada con éxito por todos los expedicionarios de la Operación Cumbre la prueba del Meru, hoy se afrontan las primeras estribaciones del Kilimanjaro. Un paseo, dicen. Se comienza a 1.840 metros y hay que llegar a la cota 2.750. Pero es el descanso del palizón que espera.

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