Atletismo | Nueva norma de salida

La ‘muerte súbita’ no frena los 100

El miedo a la segunda salida nula no se ha notado en los tiempos de reacción, que fueron mejores en París 2003 que en Edmonton 2001

<b>EN ACCIÓN.</B> Una de las salidas de los 100 metros durante los recientes Campeonatos Mundiales de París.
Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a

A l que en una carrera de velocidad peca el primero (hace una salida nula) se le concede el perdón y suyo puede ser el reino de los cielos, si gana la prueba. Al que cae a continuación en idéntico pecado se le ejecuta sumariamente, se le expulsa del Paraíso de la pista, camino del vestuario o de donde él quiera irse. ¿Es justo que haya distinta pena para igual delito? Tal vez no, pero las televisiones mandan, y no están dispuestas a transmitir una tras otra las salidas nulas, que aburren incluso al público más fiel. El nuevo mandamiento entró en vigor el 1 de enero. Los atletas protestaron: el miedo a la descalificación inmediata, el pánico a perder un lugar en el Edén, camino de la gloria, haría que arriesgasen menos, que sus nervios no estuvieran a flor de piel, que las marcas se resistieran porque los tiempos de reacción iban a ser menos rápidos... pero la final de 100 metros de París ha desmentido esta teoría.

Edmonton-París. Mientras en los penúltimos Mundiales, los celebrados en Edmonton hace dos años, la velocidad media de reacción de los ocho finalistas fue de 149,3 milésimas, en París fue de 139,5. No hubo miedo: hubo celeridad. El hombre que más rápido despegó de tacos en la ciudad canadiense fue el estadounidense Mo Greene, con 132, más lento que los 112 del británico Darrem Campbell en la Ciudad de la Luz. Pero Greene terminó en 9.82 y Campbell en 10.08. Curiosamente, en otras pruebas de velocidad sí ha habido retroceso en los tiempos de reacción.

La decadencia evidente de los 100 metros en estos momentos no se debe a la nueva normativa. Se debe a que Tim Montgomery estaba perdido, Mo greene lesionado, Dwain Chambers desconocido... Y que, tal vez, había miedo a París, a su laboratorio antidopaje. Pero esta es otra historia. ¿O no?

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