París, ni en el 2013
Ni en el 2012, ni en el 2013, ni a Disneyworld. A París sólo se debe volver si a uno lo llevan en jet privado a un hotel de cinco estrellas, a cenar ostras de Normandía (creuses) en una brasserie... y sin pagar, claro. Como Beckham y Victoria o como los obispos. Pero a un Mundial de atletismo, no. A una Olimpiada, menos.
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Los atletas de élite americanos e ingleses desertaron de la Ciudad Universitaria de Charlety-Gentilly. Todos los atletas tenían que ir a Saint-Denis en el odioso metro rápido RATP o en autocares que tardaban más de una hora, con decenas de paradas. Por esta razón, Gebrselassie y Greene tuvieron problemas con admiradores fogosos. Y de los periodistas... socorro.
A los espectadores apenas se les registraba. Pero los periodistas, que teníamos el Centro de Prensa a 25 minutos del pupitre, recibíamos cacheos militares. A la prensa se la fastidió estratégicamente: por hablar de otras ciudades preolímpicas, supongo. A París, ni en 2012, ni en 2013. A una brasserie con ostras de Normandía, ya veríamos.
