Africa salvaje
Kipchoge desmonta el sueño de El Guerrouj en una batalla a codazo limpio


Tienen otras células, esas tribus del Valle del Rift: los etíopes arsi, los keyo, los tugen y los nandi de Kenya. La Academia de Ciencias estadounidense ha estudiado el metabolismo de los hombrecitos voladores de los altiplanos del Rift. Y sostienen los americanos que las células pulmonares de esta gente son más permeables que las de otros sujetos en situaciones de carencia de oxígeno.
Y eso que los científicos americanos no les han visto desayunar, cuando van por ahí, en grupos, a los cross de las galletas y el fango, a los grandes mítines o a los Mundiales de París. Yo, sí. Lo contaré. Piden un té y, quizá, un bollito de pan seco. Se comen medio bollo mirando de reojo no sólo al extraño individuo blanco de al lado, sino a sus mismos compañeros: con cara de guepardo hambriento. A veces, se llevan a la habitación el medio bollito que les sobra. Los más civilizados ya lo van dejando en la mesa: el progreso no se detiene. Digan a su señora si quiere desayunar con esa dieta. Yo no soy capaz. Ni de lo del medio bollo, ni lo de la señora.
En la jungla. Los expedicionarios que viajan al Africa salvaje dicen que "el mundo es allí como debió ser en todas partes hace miles de años". Justo como se contempló ayer en el Stade de France entre las 18:40 y las 18: 53 horas. En la final de 5.000 metros estaban cuatro kenianos de los de la dieta del bollo. Y tres etíopes arsi que de vez en cuando beben algo de té. Solo ante el peligro y un poco más sofisticado, no mucho más, el monarca del medio fondo: Hicham El Guerrouj, el califa que quería suceder a Nurmi en la doble corona del fondo en París.
El más joven de los kenianos era y es Eliud Kipchoge. 18 años. De la estirpe nandi, la más famosa de corredores bípedos del altiplano. Después estaban Chebli, Kibowen. Richard Limo, el campeón mundial de Edmonton y tres etíopes afrosemitas. Parecían de los braceros andaluces que instigaban las revueltas, pero a su frente estaba el gran Kenenisa Bekele.
Y El Guerrouj, rey del semisalvaje Atlas, se vio envuelto de repente en una carrera totalmente salvaje. Tan primitiva como los caminos rojos del Lago Turkana y la garganta de Olduvai, donde aún aparecen homínidos y homínidas (Lucy) devorados por águilas y felinos. Así cuidan los bollos los tíos, millones de años después.
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La final se movió a un paso alucinante, como en Olduvai o el Serengeti. A escape de los predadores. Sólo que el mayor devorador de todos era el más joven: el nandi Eliud Kipchoge. El campeón mundial junior de cross y plusmarquista mundial de 5.000 metros de su edad: con unos bárbaros 12.52.61. En Europa siempre va con los keyo, los kalenjin y los tugen.
El Guerrouj, que se había declarado un invitado en esta reyerta tribal, arreó de firme en la última vuelta, en pleno grupo salvaje. Cuando Hicham agonizaba en la entrada de la recta, cargó Bekele. Se hundió Limo. Y cuando El Guerrouj iba a atrapar a Nurmi, surgió el joven nandi del Rift, la memoria del predador. Con pies, codos y un deseo animal, el descarnado licaón Kipchoge encerró y emparedó al gran sultán del Atlas. Después se fue a por el bollo. Africa salvaje, células permeables.