Valdo entra en la Liga como un cañón
Osasuna dobló al Albacete en su regreso a la Primera División


Valdo, que ya cambió penas por alegrías en Osasuna hasta al final lograr la permanencia, que antes había conocido los aplausos del Bernabéu, entró ayer como un cañón en la Liga. Aguirre le dejó a sus anchas (mejor detrás del delantero que él como tal) y el chaval respondió. Juega como si nada hubiese en juego, y esas artes suelen resultar bonitas. Para ganar el partido jugó al escondite dentro del área, apareció por detrás mientras todos buscaban el saque de la falta por delante. Adivinen quién ganó el juego. Valdo, que celebró el gol diciendo: por mi, por todos mis compañeros y por mi el primero.
Albacete y Osasuna comenzaron la batalla por la tierra media, la zona calada entre los puestos europeos y del descenso. Poco pasó a los cinco minutos, como nada a los diez, a los veinte y a los treinta. El primer remate a puerta fue de Aloisi, en el 40, en un disparate de jugada en el que Óscar Montiel pateó al aire en su despeje y en el que Aloisi, tampoco muy afortunado, golpeó a partes iguales balón y césped en su disparo.
Osasuna ha mejorado el gusto de un año a otro. Es muy ágil de movimientos, aunque lo mejor le sigue saliendo a balón parado. Hay cosas innatas, como también su fútbol de entrañas. Tiene jugadores de metralla y hay que reconocer que cuando Osasuna se pone belicoso, se pone imposible. E imposible le fue al Albacete crear una sola ocasión hasta el minuto 66, en remate de Amato.
César Ferrando sólo alineó a dos (Lawal y Amato) de los 14 fichajes del Albacete, que sigue dependiendo muy en parte de Delporte, un clon de Beckham con su melena rubia recogida a lo samurai, con el 23 a la espalda y con don para tratar el balón. Delporte tiene una facilidad asombrosa para escaparse, pero es una pena que también tenga una marcada dificultad para, en el centro, poner el balón donde pone el ojo. Por eso no es Beckham.
Se creció el Albacete con la salida de Pacheco, un delantero menudo pero con buena pinta. Con él en el campo los manchegos rozaron el empate con un remate flojo de Amato y otro en posición inmejorable del propio Pacheco que, tanto dibujó su disparo, que se lo adivinó Sanzol.
Y el final del partido, que parecía reservado para el Albacete, lo robó Iván Rosado. Salió, se trabajó el penalti y 0-2 para Iruña.
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