Lewis Powell Pedroso......Lamela!
Yago Lamela se encuentra ante la oportunidad de su vida para heredar el trono mundial de longitud que ocuparon Carl Lewis, Mike Powell y, hasta hoy, Iván Pedroso. El cubano, la bestia negra de Lamela en los grandes eventos, no estará en la final de esta tarde (20:00, La 2). Hoy en Francia es el día de San Yago.


El número mágico no es 8,60, 8,70 o el día 29 de agosto. No: el número mágico es el 45. En la Torre Eiffel te encuentras con Yago Lamela y te miras a la cara con un tío asturiano de lo más normal: anchote, robusto, sí, pero no llega ni al 1,80. Entonces, miras a los pies, y notas algo raro...
Notas una especie de barcazas: donde debería haber los pies de una persona mediana asoma una meseta anchísima que se calza... con el 45. Yago podría dormirse en pie y no caerse. Usa para caminar unas semibotas Reebok como de baloncesto, que se pone porque le da la gana: al margen de Telefónica, que va a tener que revisarle el contrato al alza, Lamela, un tipo segurísimo, no tiene sponsors de rango. País.
Pero Yago tiene sus zarpas de siete leguas, donde terminan esos muslazos asturianos como troncos de abedul. Todo eso, más el sintoísmo longitudinal de Rafael Blanquer, puede dar como resultado un campeonato mundial de longitud para Lamela y para España. Hoy mismo.
La gran ocasión. A simple vista, la oportunidad es de lujo. Pedroso y Stringfellow, las grandes amenazas, están fuera. Y si Yago dice que "las medallas van a estar entre 8,20 y 8,30", y si él salta 8,19 con la minga, y si Blanquer dice que vale 8,60, y si el pasillo de saltos, runway, es una maravilla, pues... no, esto no es Jauja, es París: hay que jugarlo, hay que saltar mucho.
Entre el vuelo del 45 y el podio se interponen Dwight Phillips, el altísimo y blanquísimo inglés Chris Tomlinson y Walter Davis, el ex capitán de la Universidad de Louisiana State que le regaló un jersey a Bush hace un añito.
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No son ni Pedroso, ni Stringfellow. Lewis y Powell eran más altos, más aristócratas y saltaban casi nueve metros. Pero estos de hoy son de esa raza competitiva que puede perder, pero dejando sangre, sudor y lágrimas en el runway: así batió Phillips a Yago en Birmingham, un glacial sábado de marzo. Allí, ese día, Beckham hizo un gol en el Villa Park: con el United.
Pero el fútbol no atrapa a Yago. Lo ve un punto desorbitado. Ve la vida en los ojos azules de Blanquer. Hoy lanzará su 45, en carreras de 16 zancadas. Puede ser campeón mundial. Tan fácil, tan lejos.