Alozie rozó el podio en la final más dura
Sus molestias en el cuádriceps la relegaron hasta el cuarto puesto en una prueba en la que sorprendió el oro de la canadiense Felicien


Será lo que Dios quiera", acostumbra a repetir con mucha frecuencia Glory Alozie, la atleta de origen nigeriano nacionalizada española, evangelista a machamartillo, antes del comienzo de cada carrera.
Al cañoncito Alozie le parecen insignificantes los padecimientos que padece entre valla y valla o entre pista y pista, si se comparan con las penas que sufrió Jesucristo camino del Calvario. Tal como lo ustedes lo leen.
El calvario de lesiones de Glory Alozie, a quien se le congestionaban alternativamente los músculos antagonistas en el muslo derecho, ha marcado la temporada de la ex nigeriana.
"Primero tuve una contractura por delante. Después, pasó a los isquiotibiales. La eliminamos, pero ha quedado un resto de dolor en la parte alta del cuádriceps", dice Alozie, casi siempre junto a una pantalla de Internet, presta a dar consuelo a un hermano afligido.
Ella ya pasó por el viacrucis de perder, una semana antes del inicio de los Juegos de Sydney, al amor de su vida, Hyginus Anajo, quien murió atropellado después de que un fatal autobús se le cruzara en su camino. "Él está mejor que nosotros ahora, porque está junto a Dios", repite Glory siempre que algún inoportuno le recuerda a Hyginus.
Felicien sorprendió. El martes, Glory se coló en la final de 100 vallas por la vía de la repesca, y porque su tiempo no fue de los peores. Ayer, en la final, anduvo cerca de la pomada: no exactamente "dentro" de ella.
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Fue la más fuerte entre las que no tenían opción a medalla. La canadiense Perdita Felicien se aprovechó de las dudas de la gran favorita, la jamaicana Brigitte Foster, y atrapó el oro sobre la caída de Foster, ya cerca de la meta, con un tiempo de 12.53.
Alozie, la atleta a la que entrena el valenciano Rafael Blanquer, fue cuarta, con 12.75. Llena de evangélica resignación, Glory dijo: "Es el peor de los puestos posibles, pero es lo que Dios ha querido". Ni Felipe II lo hubiera mejorado. Amén.