El Califa y Reyes
Hicham El Guerrouj se reafirma como líder indiscutible de los 1.500 metros en una final donde sólo Estévez, sexto, hizo notar la presencia española


Al Califa Hicham El Guerrouj le faltaba coronarse en París, cerca de donde lo suelen hacer Lance Armstrong y los reyes del tenis en tierra batida. Y el Califa de Marruecos montó su jaima al ritmo que quiso, en mitad del oasis que suelen dominar otros pies medio norteafricanos: en el corazón del Stade de France. El reino de Zinedine Zidane brilló con las luminarias del comendador de los creyentes de otro Credo: la vieja fe clasista del kilómetro y medio.
¿Contamos la final de 1.500? No se debería, puesto que estuvo cerca de ser un insulto para los españoles Diremos que había dos medallas adjudicadas: una para el Califa Hicham y otra para Mehdi Baala, tan francés como Zidane. Para agarrar la tercera, el bronce, ya se sabía que podían caer tortas, codazos, pataditas. Por delante iba a estar el ritmo del Califa. Y de nadie más: Baala, tan asustado como los ciclistas del Tour ante el Armstrong de antes, salía sólo a por plata.
Y Estévez se metió bajo el volcán que ardía con fuego de bronce. Con un polímero gelatinoso en el dedo gordo izquierdo, con fuego en el corazón y con el pie en carne viva, Reyes quiso presentar sus credenciales al Califa en el tramo que medió entre 400 y 700 metros. Hasta ahí toleró El Guerrouj el breve reinado de Reyes. Desde ahí, el reino del Califa se movió al ritmo de Hicham I. Que, por cierto, esta vez no existía. No: era El Guerrouj contra todos. Y lo que hicieron casi todos, excepto Reyes, fue hincarse de rodillas a ver si caían migajas de la mesa del sultán de Marruecos: pobre 1.500.
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Mal balance. Baala, fino, jugó en conserva para amarrar la plata. Reyes, sin cambio de ritmo, gastó las reservas tratando de pillar a Chouki. Por detrás llegaban Heskho, Korir y Silva y pasaron a Reyes cuando ajusticiaba a Chouki, al que sacaron en camilla. En el horno, Reyes fue sexto. Parra, con su mejor marca de siempre, y el atónito Higuero fueron penúltimo y último.
El Rey de Marruecos telefoneó al Califa, mientras los hijos y los nietos de los pied noirs, los pies negros marroquíes, danzaban en Saint-Denis. El Guerrouj va ahora al 5.000, como Nurmi. Y el 1.500 no va a ninguna parte.