Misión cumplida
El Depor lo pasó muy mal, pero Valerón y un tanto de Luque bastaron para estar en Champions por cuarta temporada

El Deportivo, gran equipo de fútbol cuando juega al fútbol, estuvo a punto de perder el último tren para la Champions por obcecarse en medir sus dotes físicas con el Rosenborg y olvidarse de que a esto se sigue jugando con un balón por medio. Después de bailar al rival en la primera media hora, sesteó, se animó a cruzar golpes con los noruegos y a punto estuvo de acabar cogiendo el autobús que te lleva a la UEFA.
Ocho minutos fueron suficientes para evidenciar que a este Depor no le hacen falta porteros uruguayos ni prometedores extremos portugueses, a este grupo lo que le hace falta es motivación. Porque ayer saltó a Riazor un conjunto que recordó a ese equipo convencido que arrollaba al rival con su fútbol premioso, que no apresurado. El mejor Víctor y un vertical Luque escoltaban al imprevisible Valerón y a un responsabilizado Tristán en los instantes de tanteo, que lo fueron de golpeo (a los noruegos). El balón corría veloz por los pies coruñeses. Entonces Luque, jugador con ansias de acumular méritos en el once, prefirió pensar en lugar de correr. Controló la pelota al borde del área, se cambió el balón de pierna y lo acarició con la izquierda para embocarlo por la escuadra de la portería local. Un Depor de Champions bailaba a un Rosenborg de UEFA.
Pero el fútbol es muy sencillo, si tus expectativas son amplias y tus exigencias pocas El Rosenborg, con patadas a seguir, se sacudió el dominio, más por obligación, que por devoción. Un gol, algo tan simple para un noruego como meter un balón entre los tres palos (en España es mucho más caro), le era suficiente. Los espacios brotaron en la defensa vikinga con la misma rapidez que la intranquilidad en Irureta. Valerón aplicó con tesón el manual de paredes con la complicidad de un esforzado Tristán (al que el trabajo le dignifica, porque no es su fuerte) mientras el Rosenborg ganaba metros a un Depor que sesteaba amparándose en ese pecado tan galáctico que es la desidia. Y de esta guisa (con Luque empachado de balón y Tristán empachado de correr) el permisivo Michel señaló el final de la primera parte.
Pero para correr, Pandiani está más cualificado que Diego, que debe seguir frotando la lámpara para encontrar al genio que lleva dentro mientras sigue recuperando la forma, y por eso Jabo prefirió al Rifle. Un segundo tiempo que amaneció con la misma pinta con la que atardeció el primero. El Depor noruegueaba y el Rosenborg deportivizaba. El músculo suplía a la neurona en los blanquiazules, peligrosa elección ante un rival que crecía, se crecía y se lo creía. El fantasma de aquel Molde que hundió al Mallorca revoloteaba por Riazor ante la desesperación de Irureta. Con Luque encallado en la banda (no les gusta, pero las órdenes están para cumplirlas), Valerón era, una vez más, el mejor y único elemento desequilibrante. Una falta envenenada de Víctor y un quasi-gol de Luque a pase de Pandiani encendieron a la grada en un partido que comenzaba a tener tufillo épico. Naybet, Andrade y Héctor blindaban los dominios de Molina ante el ataque aéreo de las hordas vikingas y, con una trinchera de 20 metros entre los centrales y los pivotes, Jabo quiso recuperar la pelota y le dio a Fran los veinte minutos que le quita en cada partido. En el Rosenborg, Storflor relevaba a Karadas. Misma pólvora, pero menos mojada. Y, con los noruegos empujando, Jabo lo volvió a hacer: Scaloni por Víctor...
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