Korzeniowski, oro con récord mundial
El polaco ha conseguido una marca de 3h36:03. Jesús Angel García Bragado ha llegado sexto a la meta en 3h43:56 y Odriozola, decimocuarto.

El madrileño Jesús Angel García Bragado, el mejor español, sexto, en la final de los 50 kilómetros marcha de los Mundiales de París, no pudo seguir el intenso ritmo impuesto por el polaco Robert Korzeniowski, quien sumó su tercer título universal -tras los de Atenas'97 y Edmonton en 2001- con un nuevo récord del mundo, 3 horas, 36 minutos y 3 segundos.
Korzeniowski batió su propia plusmarca mundial, 3 horas, 36 minutos y 39 segundos, que estableció en Múnich el pasado año. El ya mítico Korzeniowski precedió en el podio al ruso German Skurygin y el alemán Andreas Erm, plata y bronce, y que establecieron sendos récords nacionales, con 3:36:42 y 3:37:46, respectivamente.
Bragado se vio sorprendido en los primeros kilómetros por la veloz marcha impresa por el chino Chaohong Yu, quien acabó siendo descalificado por su irregular paso, que era inferior ya a la plusmarca mundial del polaco.
Un grupo de siete marchadores, entre los que se hallaban tres rusos, el alemán Erm, el chino Yu, el letón Aigars Fadejevs y el propio Korzeniowski, dominó la prueba hasta casi el kilómetro 20, mientras que Bragado y Odriozola, algo más retrasado, estaban inmersos en un segundo pelotón perseguidor.
Bragado, de menos a más
Fue poco antes del ecuador de la final cuando Erm aceleró el paso de la cabeza y sólo el polaco pudo aguantarle en la selección definitiva de la carrera. Ajeno a esa lucha Bragado, matemático como un reloj, iba cubriendo tiempos y dejando una estela de rivales en su ambición por alcanzar el podio.
En el kilómetro 25, el pupilo de José Marín era ya sexto a 2 minutos y 21 segundos del ya líder Korzeniowski y simulaba poder atrapar al trío de rusos (Skurygin, Voyevodin y Nizhegorodov) que seguía la estela del gigante teutón.
Mucho más atrás, Odriozola, poseedor de la mejor marca mundial de la temporada, pagaba las miserias de una corriente de aire en forma de anginas y fiebre y que le disminuían la zancada, cada vez más pesada.
Y Francisco Pinardo, con dos amonestaciones previas, ya no 'existía' en el punto kilómetrico 35. Fue en esa línea imaginaria sobre el asfalto cuando el ruso Skurygin, desposeído de su oro en el Mundial de Sevilla dos años después por dopaje, se lanzó hacia el alemán Erm, le rebasó y acosó, hasta situarse a 8 segundos, al intocable polaco, doble campeón olímpico en Sydney en los 20 y 50 kilómetros.
Lejos de verse presionado, el mejor marchador la marcha hasta el punto de llevarse de botín otro oro más para su palmarés y con el premio de la plusmarca mundial.
Exhausto Bragado regaló una amplia sonrisa a la repleta tribuna del Estadio de Francia, aquel que estrenó un Francia-España (1-0), cuando miró de reojo su reloj. No se había podido entrenar con normalidad este año y la plaza de finalista le supo a gloria ante la perspectiva de Atenas.
Odriozola: "La mala suerte me persigue"
Por contra, Mikel Odriozola se lamentó a lágrima viva por el decimocuarto puesto, un resultado a una distancia sideral de las perspectivas que le permitían sus 3:42:03, un listón que ninguno había mejorado en 2003.
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Odriozola señaló que hasta el kilómetro 20 tuvo buenas vibraciones, pero que después empezó a acusar los efectos de los antibióticos que le han debilitado desde el pasado sábado en que quedó postrado en cama.
"Al no hacer nada en estos cuatro días me sentía bien, pero después lo he pasado mal. El objetivo era terminar. Con la marca que tenía podía estar adelante. Llegaba en un buen momento, pero la mala suerte que me persigue en verano sigue", indicó el marchador donostiarra en alusión a su expulsión a las puertas del estadio olímpico en los Juegos de Sydney. A Mikel sólo le quedó el consuelo de mirar la meta de Atenas.