Atletismo | Mundial de París

El fin de una era

El caribeño Kim Collins, inopinado campeón mundial de 100 metros en la peor final de siempre. Espectacular descalabro de EE UU, que no pudo sumar una sola medalla

<b>CALCETINES ALTOS DE HILO.</B> Collins se proclamó ayer campeón mundial de 100 metros vestido de negro y con unos peculiares calcetines altos de hilo.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Kim Collins viaja con pasaporte diplomático, su país le ha dedicado una autopista, una emisión de sellos y le ha regalado una mansión valorada en 150.000 dólares. ¿Es Kim Collins de Estados Unidos? ¿Trabaja en Cajamadrid como asesor de asuntos extranjeros? Frío. Kim es un señor caribeño que mide 1.75 y que no ha bajado en su vida de 9.90 en 100 metros. Su país es la idílica islita caribeña de St. Kitts y Neves. Y le dieron todo eso por su oro en los Juegos de la Commonwealth en 2002.

De Estados Unidos no debe ser Collins, si gana alguna carrera de velocidad, como la final mundialista de 100 metros. Los americanos se dedican últimamente a las americanadas, como Jon Drummond, el rey de los payasos. Correr, lo que se dice correr, los americanos corren poco: el gran Maurice Greene, jefe de Drummond no pasó a la final y llama a las puertas del ocaso.

Los célebres Tim Montgomery y Bernard Williams fueron cuarto y quinto en la final de París: con 10.11 y 10.13, sí señor. En sus ratos libres, Tim y Bernard usan sus musculitos en hacer hijos a sus hermosas parejas, Marion Jones y Anjanette Kirkland. En correr, no. Piensen otra cosa, pero no lo digan muy alto.

Así las cosas, la final de 100 metros del Mundial de París fue la peor final de siempre: la final de Kim Collins, ganador por la calle uno para más escarnio. La final de St. Kitts y Neves... y la final que dio el campeón con peor tiempo de la historia, ex aequo con Carl Lewis en 1983: 10.07. El final de las finales. En vista de que los americanos se dedican a lo que se dedican, alguien tenía que ganar. Le tocó a Collins que, con sus calcetines altos de hilo, tenía bastante menos pinta de atleta que su imponente entrenador: nada menos que Linford Christie. Muy mal tiene que estar Linford (y se le ve hecho un toro) para no ganar en los entrenamientos a Collins, Ciudadano Kane de su islita caribeña.

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Fracaso. Aquí ha fracasado mucho personal: los expertos analistas que presagiaron, en base a la ciencia infusa, el estallido del cometa Montgomery en la final. Los que aún creían en Maurice Greene y no tenían claro si se partió o no el peroné en 2002... Los que hablan de los peces de colores y se figuran que John Smith es tan tonto como para permitir escandalitos de drogas en París con sus masas de músculos de UCLA, iuselei, forjadas en Westwood, California. En fin: todos nos equivocamos. Algunos más que otros, cierto. Pero, ¿qué más da eso a estas alturas de la película?

A la gente, incluso a los gabachos, no le dice nada una triste final de un Mundial donde los tres primeros, Collins, Brown y Campbell se manejan rumbo al 10.10. Para eso, organizamos una carrerita virtual entre Johnson y Christie. Sin Lewis, que estaría en sus labores. ¿Que se dopaban? ¿A qué se dedican Greene, Montgomery y Williams en sus ratos libres...? A correr, no.

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