Bekele sometió a Gebre
Fue un duelo de dandys del fondo: técnica impecable, belleza en el esfuerzo

Los hombrecillos verdes de Etiopía arrasaron con todo en el Estade de Francia y obtuvieron un bello y emocionante triplete en la final de 10.000 metros. Kenenisa Bekele, un chaval de veintiuna primaveras, cristiano copto practicante, superó a su admirado maestro, Haile Gebrselassie, un sonriente veterano de 30 años. La táctica de estos hijos de las planicies abisinias era simple: al principio, colaboración; luego, guerra sin cuartel. La colaboración se resumió, básicamente, en que Bekele tiró durante algún tiempo, y luego le relevó Gebre. El objetivo: incendiar a todos los demás. Ni los kenianos aguantaron. Una ejecución en toda regla.
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Y cuando las medallas estaban ya decididas a su favor, guerra despiadada. Gebre tiró enloquecidamente, porque conoce bien a Bekele y sabe que hay que cortarle las alas antes de los metros decisivos, porque es más joven y más rápido. Bekele se pegó como una lapa, aguantó lo inaguantable y cuando las cosas estaban a punto de terminar destrozó a su maestro con un cambio de ritmo brutal.
Cría cuervos y te sacarán los ojos, debió pensar Gebre, que asesora al nuevo campeón, tanto deportiva como económicamente. Pero ni siquiera una derrota así (espléndida derrota) borra la sonrisa de la cara del descendiente de Salomón y la reina de Saba. Ambos bajaron de 27 minutos. Fue un duelo de dandys del fondo: técnica impecable, belleza en el esfuerzo. Gebre había sido cuatro veces campeón. Ya tiene relevo.
