Plata quijotesca
Paquillo Fernández se escapó de salida hacia la primera medalla española en los 20 km marcha, pero en el 16 el ecuatoriano Jefferson Pérez le atacó arrebatándole el oro.


Era París, pero la escena bien podía pertenecer a la madrileña calle de Alcalá, cerca de García Noblejas: a paso ligero, un ecuatoriano adelantaba a un español, bajo los ojos vigilantes de un ruso que pasaba por allí. El ecuatoriano, Jefferson Pérez, héroe de El Vecino, se escapó con la medalla de oro que el español, el granaíno Paquillo Fernández héroe de Guadix, había acariciado durante los primeros 16 kilómetros de la final de 20 kilómetros marcha.
Con pinta quijotesca, y al paso veloz de Jeff Pérez, al que su madre llama cariñosamente Mi Nardo (por su segundo nombre, Leonardo), Paquillo se tentó el pantalón a ver si todavía llevaba consigo la plata. Y cuando se movió un pelín, nuestro Paquillo vio con el rabillo del ojo cómo el ruso Rasskazov se le echaba encima, al olor de la plata: como si fuera la populosa calle de Alcalá a las once de la noche o cualquier calle de Marbella, cualquier día del año.
No. Todo esto ocurría junto a la parisina Plaza del 8 de Mayo de 1945 (día del final de la Segunda Guerra Mundial), ya en pleno barrio de Saint-Denis. En París no entraron los rusos. Pero, de suyo y por la calle de Alcalá, los ecuatorianos acostumbran a caminar más rápidos y ser más listos que los españoles. Lo pueden comprobar cualquier día cuando cae la noche. Si escuchan que por allí viene uno que le dicen El Nardo, no se fíen. Es un tío listo y anda 20 kilómetros al galope mucho más deprisa de lo que usted y yo corremos.
Viendo de lejos los Campos Elíseos, lo que intentó Paquillo fue una españolada como las de Federico Bahamontes, José Manuel Fuente o Mariano Haro. Salió tercero del Stade de France, se escapó del grupo antes de que acabara el primer kilómetro, y a media prueba, a los 10 kilómetros, le llevaba 32 segundos al Nardo Pérez que, vestido de negro casi riguroso, masticaba su oportunidad como si se viese cerca de la calle de Alcalá, y no de Saint-Denis, donde enterraban a los reyes de Francia. Había por allí camisetas del Barcelona: el Barcelona de Guayaquil, Ecuador.
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El tirón de Jeff Pérez. Pasaron los kilómetros 14, 15... y en el 16, en la Plaza del 8 de Mayo de 1945, el Nardo Jeff Pérez pegó el tirón y a paso de récord mundial, arrancó el oro del pecho sudoroso de Paquillo. Al Nardo le gritaban los suyos, los del Barcelona ecuatoriano, "Sí-que-puedes". Rasskazov parecía despistado, pero olió plata. Paquillo ya se había dado cuenta de que transitaba por lugares peligrosos y resistió al ruso lo justo. Rasskazov se despistó un poco: nadie gritaba en ruso. No en París.
Y Paquillo Fernández, la Resistencia por las calles de París, se aferraba a su plata. Por delante, el Nardo ecuatoriano, su oro y su récord mundial ya crecían en la meta del Stade de France. Después, Paquillo le sacó siete segunditos a Rasskazov y corrió a abrazarse con el ecuatoriano: una escena fraternal típica de la calle de Alcalá, cerca de la Cruz y de García Noblejas, sí señor. Pero en París.