Yo digo Juanma Trueba

A media luz los tres

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Alto sin ofender, educado sin pasarse, bronceado, aprieta la mano, ojos azules como les gustan a ellas, elegante, buen político, retórico, cronometra las entrevistas. También suda. Imposible no hacerlo en la sala que el club habilita (es un decir) para este tipo de encuentros, rinconcillo andaluz sin pescaíto y sin aire acondicionado, moscas en la galaxia.

Se citó con una redactora y ella apareció con carabina, encantado y encantado, pero tres son multitud. Se defiende de las preguntas incómodas utilizando el método narcótico, infinitas respuestas que silban eses y el capote de los ojos azules que tanto les gustan a ellas. Al verle huir de ti, que eres Bambi, piensas que sufrirá esta temporada, que le faltarán amigos, que podría haber mentido y elogiar lo que nunca nos ha leído, moriríamos por él. O iríamos a despedirle.

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Del Bosque era un mejor encajador. Es curioso. Cada paso atrás de Queiroz se te aparece un Del Bosque. Descubres que ambos afrontan el mismo problema sin solución, embotellar la inspiración. Y más coincidencias. Cuando por enredar les mentas el jefe que todo les controla, ellos te mentan el tuyo. "La independencia es actuar con inteligencia", responde Queiroz, sabio.

Después de alguna sutil referencia al trío inesperado, dos contra uno, el tiempo se agota, lo dice su reloj que se ajusta en la muñeca. Ya consumado el atraco, le dejamos las tarjetas. Terminar es como liberarle, se alivia, sonríe, otra vez la mano, otra vez encantado (aunque menos). Las mujeres son curiosas, y los entrenadores, y las moscas, que sólo viven quince días, no las maten antes.

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