Entrevista Oiarzabal

"Conquistaré los veinte ochomiles"

Juanito Oiarzabal se encuentra a caballo entre Vitoria, su ciudad, Palma y Marbella, disfrutando de unas merecidas vacaciones junto a su mujer Araceli y su hijo Mikel tras sumar dos ochomiles más —lleva ya 18— que le sitúan a tan sólo uno del récord absoluto en posesión de Ang Rita Sherpa.

Juanito Oiarzabal.
Javier Lekuona
Colaborador de As
Licenciado Periodismo Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en Radio El País, Gaur Express, SER Miranda, SER Vitoria y Canal Gasteiz Televisión, como colaborador
Actualizado a

Enhorabuena.

—Muchas gracias.

Ya ha igualado a Reinhold Messner. ¿Qué siente?

—Una gran satisfacción personal porque me he dado cuenta de que, a mi edad, todavía puedo hacer cosas interesantes como sumar dos ochomiles en apenas una semana. Ésta no es una carrera con Messner, sino una consecuencia de mi actividad. Hago lo que me gusta y ahora pienso en sumar veinte cimas de más de ochomil metros. Pero no en plan competencia.

¿Cuáles son sus proyectos más próximos?

—El día 10 de septiembre salgo hacia el Cho Oyu para intentar ascenderlo con un amigo, Gumersindo Ibáñez. Sería el número 19 y el récord absoluto del ochomilismo.

¿Qué recuerdos le queda del primer ochomil de esta temporada, el G-2?

—Que lo hicimos muy rápido y, además, subimos todos los miembros de la expedición: Pasabán, Bereciartua, Aguirre, Chapuisant y yo mismo. Por si fuera poco, Aguirre se pudo lanzar en parapente por encima del campo 4 y pudimos filmarlo todo para el programa.

¿Alguna dedicatoria en especial?.

—Sí. Para mi amigo Mikel Apodaka, que falleció en los Pirineos hace un año y para Félix Iñurrategi, que se dejó la vida en el G-2.

Una semana más tarde culminó la ascensión al Hidden Peak. ¿Fue más duro?

—Sí. Nos encontramos con muchos problemas con el viento y con el frío, además de las prisas que llevábamos porque se nos acababa el permiso y teníamos pocas oportunidades. La verdad es que, inicialmente, el Hidden Peak era nuestro primer objetivo, pero la montaña tenía mucha nieve y en dos semanas murieron tres personas: un español, una argentina y un ucraniano. Decidimos cambiar el orden de los montes y tuvimos la suerte de que nos salió bien.

¿Intentará el año que viene la ascensión al K-2?

—Sí. Además, así participaremos en un magnífico aniversario ya que en 1954, Lacedelli y Compagnoni subieron por primera vez esta montaña. En el 2004 se cumplirán cincuenta años y allí estaremos nosotros para intentar su ascensión.

¿Qué recuerdos tiene de su cima en el K-2 en 1994?

—Muy buenos. Éramos un grupo muy fuerte que consiguió concluir la ruta Cessen haciéndola integralmente desde abajo. Ahora se llama ruta de los vascos, transcurre a la izquierda de la clásica y converge con ésta en el hombro de la montaña.

¿Qué ochomil le ha hecho sufrir más?

—Sin lugar a dudas el Kangchenjunga. Creo que es la más desconocida de estas montañas. Yo he estado tres veces allí, por la norte, y las tres las he pasado canutas. Cuando conseguí su cumbre bajé gracias a los hermanos Iñurrategi, que se quedaron a esperarme y me salvaron la vida.

¿Por qué sigue jugándose el cuello en las montañas?

—Porque es lo que me gusta hacer y para lo que he nacido. Cuando estoy demasiado tiempo en casa, las comienzo a echar de menos. Además, hoy en día vivo de esto y es mi actividad profesional. También tengo créditos que pagar.

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¿Qué otras aficiones tiene?

—Muchas. Me gusta mucho disfrutar de mi familia y de mis amigos. No me pierdo una buena cena con mi cuadrilla, una partida de mus y una copa de pacharán. También me gustan otros deportes y, por ejemplo, cuando puedo voy al Buesa Arena a ver al TAU de baloncesto.

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