Sobrio y experto
Seguro por alto y con mucha personalidad , jamás salió de Turquía. Se acerca ya a los cien partidos con la selección y causó sensación en el Mundial de Corea y Japón.


Ahora que llegó a un grande de verdad, dejó Turquía tras doce años en Primera, se consagró en el Mundial y se ha ganado un nombre entre la aristocracia de los porteros, Recber Rüstü no olvidará todos los malos momentos de una carrera repleta de detalles. Primero, una definición para uno de los mejores porteros del último Mundial. Sobrio por alto y sobre todo con mucha personalidad para mandar en el área, aún se oyen críticas por el punterazo de Ronaldo al rincón que apartó a los turcos de la final de Yokohama. Pasó unos meses difíciles en un Fenerbahce que tocó fondo la temporada pasada, pero nadie se atreve a dudar de su titularidad en la selección. Desde que debutó ante Finlandia con 21 años y dejó atrás la etapa de Engin Ipekoglu en la portería turca, ha sido el número uno en el puesto, y no lo abandonará hasta el Mundial de Alemania.
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Su carrera tiene varios momentos clave. Nacido en la ciudad turca de Antalya el 10 de mayo de 1973, hasta que se le llegó a conocer como el Sultán de la Portería o el Hombre de los Guantes de Oro pasaron muchas cosas. Entró pronto en la escuela del Antalya, y con 18 años debutó en el primer equipo. Tres temporadas en el fútbol más modesto a un gran nivel hasta que el Fenerbahce se llevó a la joya. Desde 1994 a hoy la carrera de Rüstü ha estado unida a la del Fenerbahce, los canarios como se les conoce por allí, y además tiene mucho que ver con el auge del fútbol turco. Siempre a la sombra del Galatasaray en Europa, el Fenerbahce tenía como portero titular a Engin. Pero una lesión suya le dio el sitio a Rüstü, y ya nadie le quitó. Llegó como titular a la Eurocopa 96, en una decisión por la que se criticó al técnico Fatih Therim. Los turcos no pasaron la primera fase en un grupo difícil ante Croacia, Portugal y Dinamarca. Turquía no marcó un solo gol pero sólo perdió por la mínima ante croatas y portugueses, sobre todo gracias a Rüstü. Una selección de entretiempo, con algunas viejas glorias como Ogun, Vedat o Recep. Sólo él se consolidó en el equipo, como anticipo de la gran selección que llegaría después. En el Fenerbahce había ganado esa misma temporada el título de Liga, y Rustu comenzaría desde entonces a descubrir lo que significa ser el epicentro del fútbol turco.
Capitán del equipo, en 1999 fue salvajemente agredido por sus propios hinchas, que le sacaron a empujones de su coche y le hicieron pensar en dejar el fútbol. La razón, una humillante derrota ante el Pendikspor de Segunda en Copa. Se corrió el rumor de que los futbolistas se habían dejado ganar para provocar el cese del técnico checo Zdenek Zeman, y Rüstü como capitán fue el centro de las iras. Lo filmaron varias cámaras de televisión y poco después se filtró que el presidente Aziz Yildirim estaba detrás de todo ello. Yildirim retuvo a Rüstü consciente de su potencial, aunque seguro que todo aquello pasó factura cuando el portero del Barça acabó el contrato. Tras la agresión prometió a la hinchada quedarse y lo hizo, mientras se consolidaba cada vez más en la selección. Gran admirador de Schumacher, no aceptó una oferta del Deportivo poco antes del Mundial y tampoco le convenció el fútbol inglés. Ni la marcha a la Premier de Tugay, Hakan Unsal o Alpay le sedujeron mucho. Allí asombró a todos y fue elegido por la FIFA segundo mejor portero por detrás de Kahn. Un gran partido en el debut ante Brasil, y un torneo casi sin errores le dejaron en boca de todos y tras un año sin brillar llega al Barcelona. Manchester United y Arsenal se quedaron con las ganas, y Rüstü dejó de ser "el único futbolista que crea unanimidad en las calles de Estambul", según un dicho popular.