Atenas pinta bien para nosotros
Los retrasos de las obras olímpicas en Atenas están provocando un atragantón en la clase dirigente. A los organizadores no les llega la camisa al cuerpo y los directivos andan preocupados porque, a la vista de tantos problemas, lo mismo cuando lleguen ni tienen coche en el aeropuerto esperándoles, ni el hotel es de cinco estrellas, ni les ponen intérprete. Estamos concediendo quizá demasiada importancia a esto. Porque los Juegos se van a celebrar. Seguro. Los deportistas tendrán sus instalaciones en el día y a la hora previstas. ¿Cómo? Ese no será su problema. Competirán y punto.
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Para ellos también falta un año. Quienes vayan a ser campeones ya lo intuyen. En un año un campeón no sale de la nada. Tiene que estar ya entre los mejores del mundo. En España hay gente que al menos en 25 deportes o especialidades no firmarían la medalla de bronce si es a costa de renunciar a toda posibilidad de colgarse el oro. Disponer de 25 opciones a campeones olímpicos a un año de los Juegos está muy bien. Las estadísticas dicen que al menos uno de cada cuatro candidatos reales al oro alcanza su objetivo. Estaríamos hablando, por tanto, de media docena de campeones olímpicos.
Seis campeones olímpicos serían el doble que en Sydney 2000 y uno más que en Atlanta 96. Un éxito, aunque la decepcionante actuación de Sydney situó el listón demasiado bajo. Pero las seis medallas de oro vendrían acompañadas por varias más. Normalmente la proporción de medallas son las mismas de plata que de oro y alguna más de bronce. Sale una veintena de medallas, que estaría muy bien y es una cifra acorde con el potencial del deporte español, cuyo reto es superar el total de 22 en Barcelona 92. Como se podría alcanzar, Atenas a lo mejor nos deja un recuerdo imborrable.
