Faltó apuntillar
El Depor ganó a los puntos, pero no pudo rematar la faena. Valerón fue el mejor ante los jugadores de rugby noruegos

El Deportivo salió indemne de la encerrona de Lerkendal. Después de cien mil balones al área, un buen puñado de faltas y empujones y algún susto, el Deportivo arrancó un valioso empate ante un embarullado Rosenborg. Quiso y fue mejor que los noruegos y ahora será Riazor el que dicte sentencia en una eliminatoria realmente incómoda.
El Rosenborg, equipo de fútbol con una plantilla de balonmano que juega al rugby, exhibió sus intenciones en la primera jugada con un pelotazo al área. El pívot Karadas buscó el balón y Brattbakk y Frode Johnsen se lanzaron como tigres a por el rechace. Puro fútbol de patio de colegio de Trodheim. Respetable, pero demasiado evidente. La pizarra de Javier Irureta no mentía, el peligro caía del cielo. Y ante eso el Deportivo decidió echar el balón al césped, que es como se juega a esto. Con un activo Valerón navegando por la mediapunta del ataque coruñés, Mauro colocó el diapasón en la medular y Sergio se asoció con el de Arguineguín para intentar llegar hasta un Tristán que tuvo fajarse con los centrales noruegos.
Se escaparon vivos. El Depor ponía lo bueno y lo menos bueno, en una jugada en la que Mauro regalaba un balón en una cesión que Brattbakk mandaba fuera por poco. Pero sólo fue un espejismo en el fiordo. El partido no transcurría por los derroteros que los locales esperaban y los vikingos comenzaron a perder los nervios. El juego de pies del Deportivo evitaba los golpes de un atropellado rival. Con los noruegos tambaleándose, llegaba el momento perfecto para un golpe del equipo blanquiazul, porque un sonado Rosenborg lanzaba golpes suicidas. Diego Tristán pudo darle la puntilla, pero no está fino todavía. Al descanso se llegaba con el Deportivo ganando a los puntos el combate.
La ducha le sentó mejor al Deportivo, que adelantó la línea defensiva 20 metros, lo que permitió a Molina perder de vista por un rato a un incansable y peleón Karadas. Víctor y Amavisca tenían más presencia en el juego de ataque, Romero y Héctor se asomaban por el área nórdica y Naybet y Andrade se tomaban un respiro después de pasar tres cuartos de horas achicando balones. Pero el Rosenborg no vive de sensaciones, sino de estímulos y eso le convierte en un rival impredecible. Por eso Javier Irureta se impacientó y cambió el elegante croché de Tristán por el directo y el trabajo de Pandiani.
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El cansancio restó pulsaciones al encuentro y eso lo agradeció el juego visitante, que dormía el encuentro. Los nórdicos dejaban sus últimas energías en la búsqueda de los rebotes ofensivos dentro del área de Molina.
Sólo restaba el tanto deportivista, algo tan evidente como justo. Pero al Mercedes de Jabo todavía le falta bastante rodaje y eso era justamente lo que daba vida a los noruegos. Scaloni, futbolista incansable de embarullado vigor, suplió a un participativo Víctor, que intentó todo lo que pudo por la banda. La paciencia de Juan Carlos Valerón y la solvencia de Jorge Andrade contagiaron a sus diez compañeros mientras se desquiciaban los luchadores de Trondheim, que seguían buscando su particular gol de oro. Y así, lenta y pesadamente, fueron cayendon los minutos en el Lerkendal Stadium hasta que sonó el gong final y todo quedó como al principio. Riazor será el juez y el Depor lleva las de ganar.