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Apuesta arriesgada

Frank Rijkaard es una apuesta arriesgada. Llega con poca experiencia en los banquillos a un equipo que necesita renacer tras sufrir una crisis devastadora en los últimos años. Como jugador fue un centrocampista completísimo que ganó todo y ahora debe plasmar todo aquello que aprendió de técnicos como Cruyff, Michels o Sacchi en el nuevo Barça.

<B>DEL CAMPO AL BANQUILLO</B>. Frank Rijkaard dirigirá esta temporada al Barcelona en su primera experiencia en el banquillo de un club grande, tras su breve paso por la selección de Holanda. Sus primeros pasos como futbolista los dio en el Ajax, donde luego coincidiría en el terreno de juego con Kluivert, una de las perlas de la cantera del club de Ámsterdam. Formó parte del gran Milán de Arrigo Sacchi, en el que jugó junto a sus compatriotas Marco Van Basten y Ruud Gullit.
Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

Si nos atenemos a su corta trayectoria como técnico, sería lógico dudar si a Frank Rijkaard le queda grande el banquillo del Barcelona. Desde que debutó como técnico de la selección holandesa hasta hoy sólo han pasado cinco años, y no presenta un currículo brillante. Más bien lo contrario. Una decepción en la Eurocopa 2000 frente a Italia, que les cerró el camino en semifinales, y un descenso a Segunda con el Sparta de Rotterdam sin ni siquiera pelear en las últimas jornadas. Luego un año en blanco y ahora el Barca. Que Laporta se la juega está fuera de toda duda.

Pero también se puede ver la botella medio llena. Rijkaard lo ganó todo como jugador, y siempre se sintió a la vez entrenador. "En mi etapa de jugador siempre estuve atento a todo lo que concernía a los entrenamientos y al técnico. Lo captaba y asimilaba todo, lo bueno y lo malo. Fui un preguntón, y me cuestionaba lo que haría yo en lugar del entrenador". Estas declaraciones a France Football en plena Eurocopa 2000 le definían ya entonces. Las podrían firmar muchos entrenadores, pero desde luego muy pocos pueden presentar un historial tan bueno como jugador.

Como técnico dejó algunas cosas claras. La intención de jugar por las bandas con Holanda y un marcado sentido por el fútbol colectivo que, sin duda, asumió como jugador a las órdenes de Sacchi. Pagó cara la escasez de conductores del fútbol holandés, especialista en crear buenos delanteros, y no le funcionó la apuesta de Cocu como central. En el Sparta poco podía hacer con una plantilla limitadísima.

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Por más que parezca extraño, la carrera de Rijkaard tuvo momentos muy duros que sin duda han marcado su trayectoria en los banquillos. Muy ligado a la figura de Gullit desde el principio, los padres de ambos son de Suriman y sus madres holandesas, con él empezó en el modesto Door Wilskracht Sterk. Debutó en la selección minutos antes que Gullit en un amistoso ante Suiza en Zúrich, en 1981. Sus carreras se separaron hasta reencontrarse en el Milán y en todo momento hubo una obsesiva comparación entre ellos en Holanda.

Rijkaard decidió firmar muy joven por el Ajax. Vivió desde el banquillo el final de la generación holandesa de los setenta, dos veces subcampeona del mundo. Aquel libre directo de Platini que dejó a los holandeses fuera del Mundial 82 significó el cambio. Arrancó como central, pero muy pronto pasó al centro del campo para nunca cambiar. Llegaron los problemas, ya que desde el primer momento se le acusó de falta de personalidad y poca capacidad de liderazgo. Por eso se peleó con Johan Cruyff, e incluso abandonó un entrenamiento. Le costó una sanción, y la marcha primero al Sporting de Lisboa y después al Zaragoza. Momentos duros que poco a poco cambiaron su carácter y que sólo pudo superar gracias a Rinus Michels, quien confió en él para la Eurocopa de 1988. Rijkaard no decepcionó, hizo el torneo de su vida y fue elegido segundo mejor jugador de aquella Eurocopa por detrás de Van Basten y por delante de Gullit. El empujón fue tan grande que en el gran Milán de Sacchi se destapó como uno de los centrocampistas más completos de los últimos ochenta, coleccionó títulos y sólo dejó el fútbol italiano cuando "había perdido el placer por jugar". Otro detalle que da muchas pistas del fútbol que pretende. Volvió a su Ajax y el destino le guardó un último guiño: la Copa de Europa de 1995 ante el Milán. Aquel gol de Kluivert dejó claro que había llegado la nueva generación, la que el propio Rijkaard dirigió desde el banquillo. Sus dos salidas de la selección no fueron muy agradables. Como jugador se despidió en el Mundial de Estados Unidos ante Brasil, con una Holanda poco representativa del juego de años atrás. Como técnico vivió siempre con la espada de Van Gaal encima y no soportó la eliminación ante Italia. Ahora tiene un proyecto difícil pero apasionante.

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