Bolonia sin alma
Forte, fiero, franco e fermo (Fuerte, luchador, honesto y firme). Son las cuatro virtudes básicas del atleta, el catecismo de la Virtus, monumento deportivo de Bolonia que nació como sociedad gimnástica en 1871, alcanzó gloria como equipo de baloncesto a partir de los años 20 y ha muerto de infarto económico 132 años después. Bolonia se ha quedado sin alma. Los tifosi bianconeri lloran incrédulos y desconsolados. Quitarle la Virtus a Bolonia es quitarle el Coliseo a Roma, la Torre Inclinada a Pisa, el Puente Viejo a Florencia.
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Por encima de sus trofeos (15 scudetti, 8 copas de Italia, 2 Euroligas, 1 Recopa) está su aureola de ser el club más señorial del pallacanestro, digno símbolo de la ciudad más señorial de Italia. Un partido en el pabellón de Piazza Azzarita, sede del club durante 40 años, era como una gala de ópera. Elegancia, estilo, clase y distinción desbordantes.
La aristocracia del basket queda vinculada para siempre a la Virtus. Directivos o técnicos geniales, como Porelli, Peterson, Messina, Bucci, Bianchini o el español Eduardo Kucharski, que entrenó al equipo tres temporadas (1960/63). Jugadores irrepetibles como Brunamonti, Villalta, Lombardi, Binelli, Cosic, McMillian, Danilovic, o Ginobili. En 2001, apoteosis: triple corona . Y ahora, muerte por un millón de dólares, el salario impagado de Becirovic.
