Amistoso | Fc. Tokio 0 - Real Madrid 3

Beckham al mando

El Madrid resolvió cuando el inglés dirigió al equipo. Becks logró su primer gol de falta. Ronie, genial

<b>INTEGRACIÓN TOTAL</B>. La sonrisa de Beckham le delata. Está feliz en el Real Madrid y su complicidad con Raúl va en aumento.
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Hemos visto muchas veces cómo tipos garbanceros, zafios y mugrientos se convertían con el balón en los pies en príncipes renacentistas, por eso no debería sorprendernos tanto el caso del delicado sex symbol que una vez en el campo se transforma en obrero de la construcción. Pero nos sorprende. Al principio nos imaginábamos un maniquí que iría dando saltitos para evitar las patadas enemigas, un guapo pendiente de la coleta. Y cuando hace tres días descubrimos que era un tipo incansable, sospechamos que sería demasiado tímido. Con la belleza ocurre esto, o te entregas de forma incondicional (Leonor Watling) o no paras de buscar defectos.

Pero ayer supimos algo nuevo: tampoco es tímido. Después de 25 minutos de total desconcierto, cuando Beckham se puso al timón, al Madrid se le inflaron las velas y, por primera vez, comenzó a navegar.

La ausencia de Zidane provocó un reajuste táctico (más bien desbarajuste): Solari ocupó la izquierda, Figo centró su posición y Beckham se quedó en la derecha, pero tampoco mucho. Me da la impresión de que las instrucciones tácticas de Queiroz son un tanto difusas con la intención de que cada uno haga aproximadamente lo que le dé la gana. Como se ve, Molowny y su palmadita en la espalda son el origen de modernas teorías sobre la dirección de grupos.

Pero hubo otras novedades: César salió por Casillas, Raúl Bravo por Roberto Carlos, Rubén reemplazó a Pavón y Portillo a Ronaldo. Fue una forma de señalar a los suplentes oficiales, después de los equívocos que pudo crear el primer partido. A Morientes se le agradece el esfuerzo pero el club le abre la puerta y le despide finamente, como hacen los mexicanos con las novias que no quieren volver a ver: "Vales chorros, nunca cambies".

Así las cosas (así de raras), los japoneses, todos con nombres semejantes a Koji Kabuto, arrinconaron a los galácticos. Lo hicieron gracias a una presión atosigante, la misma que se encontrará el Madrid en El Sadar y campos adyacentes y de la que todavía, ayer se vio, no sabe salir. Sólo se concibe el juego en corto y hay situaciones de las que únicamente se puede escapar con el pase largo, esto debería explicarlo Queiroz.

Lo cierto es que tácticamente nada ayudaba a recomponer la figura. Figo todavía es demasiado peligroso como para ponerse a organizar y por eso no organiza, a Solari le sobra voluntad pero le falta desborde, Bravo no progresa y Portillo carece de aportación colectiva, sólo pone guindas. El único que respondía era Rubén, serio y concentrado, con un ancho de hombros que hay que recorrerlo en moto.

Pero todo se reordenó cuando Beckham se fue al centro y tomó las riendas del equipo. Figo se liberó y Raúl, que había bajado a achicar agua, regresó a la delantera. El campo se estiró tanto que los japoneses fueron incapaces de abarcarlo. Beckham dejó de pedir permiso para todo y comenzó a mover la pelota, fácil, seguro, es bueno el inglés, en serio.

Fue en esos momentos mágicos cuando el árbitro señaló una falta en el pico derecho del área de Kabuto. Beckham, un poco avergonzado de que se las dejen todas, se lo tomó con calma. La colocó con mimo, tomó carrerilla y la golpeó con el interior del pie derecho. Nada pudo hacer el portero (o tal vez sí), que seguirá volando a estas horas por las televisiones de medio mundo. Si Beckham lo celebró con un salto no fue por la trascendencia del gol, sino porque se quitaba un peso de encima.

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Dominio. El Madrid creció y los japoneses dejaron de ser enemigos para ser fans. En un contragolpe llegó el segundo, al aprovechar Solari un tiro de Portillo que rechazó el portero. Con el marcador encarrilado, la segunda parte perdió en intensidad, pero ganó en florituras. Entre otros, salieron al campo Roberto Carlos y Ronaldo. Y el equipo empezó a triangular, diez, cien, mil veces. Ronaldo chutó al palo, Raúl rozó el larguero. Beckham basculaba entre el centro y la derecha porque nada en este Madrid es fijo, sólo hay tendencias.

Pero todo se hubiera quedado en el gol de Beckham si no llega a aparecer Ronaldo. Fue en una jugada sin aparente peligro. Controló un balón, se plantó frente a un japonés (pobre) y le regateó haciéndose un autopase con la derecha por detrás de su pierna izquierda. Les ruego que no lo prueben si no están en la playa, por lo de caer en blando, digo. No se sabe cómo puede responder el cuerpo porque lo que hizo Ronaldo ayer fue una invención, una ronaldina, una ronaldiana, una tripeira, llámenlo como ustedes quieran. Y luego acabó en gol, claro, ya se sabe lo bien que se lo pasa Ronie en Tokio.

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