El ciclismo pasa por la autogestión
La crisis de equipos que atravesamos en España amenaza con ser el punto final de nuestro ciclismo profesional. El punto y seguido ya lo estamos viviendo. Ciclista bueno que sale, ciclista que se va a un equipo extranjero, porque aquí hace tiempo que ya no hay un duro. Freire gana el Mundial y se va al Rabobank. Heras gana la Vuelta y se va de escudero de Armstrong, junto a Rubiera, por cierto, último ganador español de una etapa reina del Giro. Casero y Aitor González también ganan la Vuelta y toman las de Villadiego. Ahora, sin dos de los equipos de referencia, a ver quién queda.
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No es que aquí despreciemos a lo más granado de nuestro ciclismo, sino que llegaron las anunciadas vacas flacas. Las grandes marcas dejan el ciclismo y en cuanto un presupuesto se va por encima de los dos millones de euros las cuentas dejan de salir. La ONCE y el ibanesto.com destinan siete y medio y dicen adiós. Kelme, tres y medio, y vive de la caridad del dinero público de su autonomía y de la paciencia de sus corredores, que cobran tarde, mal y lo de nunca ellos sabrán. El Euskaltel anda por esas cifras (4,8), pero como es dinero del gobierno vasco para mantener vivo su nacionalismo, tira para delante.
Esta crisis no tiene, en cambio, relación con el interés que levanta el ciclismo. En 2003, al margen del fútbol, las etapas ciclistas son los acontecimientos deportivos más seguidos en España, después de la victoria de Ferrero en Roland Garros. La taquilla del ciclismo es la televisión, la mejor que hay. Pero como los equipos siempre han ido de pobres, se han conformado con los derechos de imagen que les daban los organizadores de las carreras. Ahora la salida pasa por la autogestión de los equipos, creando y explotando sus propias competiciones. Pero si no lo hicieron cuando eran fuertes...
