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Un segundo punta

Ricardo Oliveira acaba de proclamarse máximo goleador de la Copa Libertadores con el Santos. Con buenos movimientos y diestro, rendiría mejor con un nueve de área a su lado.

<B>DESCONOCIDO EN EUROPA.</B> Ricardo Oliveira viene dispuesto a hacerse con un nombre en Europa, ya que es un desconocido para el gran público. Su dinamismo en ataque le valió proclamarse máximo goleador de la Copa Libertadores de la pasada edición, un galardón que compartió con Marcelo Delgado. Nueve goles en el máximo torneo suramericano le avalan.
Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

De cómo Ricardo Oliveira pasó en tres años de limpiar coches en la zona norte de Sao Paulo a inscribirse en la lista con los mismísimos Pelé, Sanfilippo, Zico o Jardel como máximo goleador de una edición de la Copa Libertadores se puede contar mucho. También de cómo se desenvuelve mejor como segundo delantero que como nueve puro. Un brasileño con muchas paradojas Ricardo Oliveira. Es un diestro de movimientos inteligentes y tendencia clara a jugar como segundo punta. No es goleador de área pequeña, ni mucho menos. Sería injusto exigirle un nivel anotador como el de la Libertadores, en la que terminó con nueve goles en lo alto de la tabla junto a Marcelo Delgado.

Nacido en Sao Paulo el 6 de mayo de 1980, antes de triunfar en la Portuguesa las cosas no le resultaron sencillas. Mientras Ricardo Oliveira brillaba en las inferiores del Corinthians, su salario de 200 reales le obligaba a buscarse la vida. Se pasó cinco años en un lavadero de coches por 50 reales a la semana, justo su sueldo como futbolista. Ni siquiera tenía para comprar un sofá, que tuvo que alquilar en plena etapa de juvenil. Su carrera se tambaleaba y se planteaba iniciar otra como policía cuando a los 18 años entró en las inferiores de la Portuguesa. Un paso atrás en cuanto al equipo, pero adelante en su futuro.

Su mejor cifra. Quizá por su movilidad en ataque y también porque jamás había visto ni una tarjeta amarilla le llegaron sus oportunidades. En las etapas de Candinho o Edu Marangon como técnicos brilló en el 2001, que terminó con 14 goles en 24 partidos, su mejor cifra hasta el momento. Era una Portuguesa de pocas estrellas, con Marcos Vinicius y Arilson como principales figuras. Era su segundo año como profesional y el primero en que jugaba algún partido oficial de titular. Ya llevaba el nueve que veremos en Valencia, aunque sus movimientos le delataban. Mucha movilidad, ayudas al centro del campo y una clara tendencia a escorarse a la derecha. Todo eso más gol, aunque salvo su enorme racha con el Santos en la Libertadores no volvió a acercarse a las cifras de su primer año de titular en la Portuguesa.

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Tuvo ofertas del fútbol alemán e incluso su representante, Hamilton Bernard, aseguró que se incorporaría de inmediato a la Bundesliga. No precisó el equipo, en cualquier caso. Y la mejor oferta le llegó del histórico Santos, en un proyecto con muchos jugadores jóvenes y con la Copa Libertadores como objetivo tras un título de Liga con el gigantón Alberto como nueve. En cuanto el Santos vendió a Alberto al Dinamo de Moscú, Leao pensó en la movilidad de Ricardo Oliveira, que además le pagó con una facilidad goleadora que ni el propio Leao soñaba.

Cuarteto mágico. Mientras Alberto se marchitaba en el banquillo del Dinamo sin opciones ante el titular Bulykin, el cuarteto ofensivo Diego-Robinho-Elano-Ricardo Oliveira volvió loca a toda Suramérica. Su debut fue deslumbrante, con dos goles ante el América en Cali, y a partir de ahí un recital que sólo se vio ensombrecido por las amenazas de la Portuguesa por obligarle a volver. Incluso estuvo a punto de no jugar un partido ante El Nacional en Ecuador, pero todo se arregló. Oliveira se había desligado de la Portuguesa para ir al Santos alegando impago, pero los dirigentes exigieron una cantidad por el traspaso. Entonces se aplazó el tema, pero ahora sigue y el Valencia puede ser el gran perjudicado si la FIFA interviene.

Su movilidad le permitió marcar goles de todas las facturas. Como uno ante el 12 de Octubre en Paraguay al resolver un contragolpe desde el centro del campo: arrancó en la izquierda y remató con la derecha. O ante El Nacional ecuatoriano, tras un disparo con la izquierda desde tres metros fuera del área. Se había retrasado para participar más en el juego y encontró hueco. Una lesión de rodilla le dejó tocado para las semifinales y la final ante Boca. La sensación de que rendiría más aún con un delantero centro al lado no esconde las muchas virtudes del brasileño que llevará el nueve del muevo proyecto valencianista.

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