"Lara padre me ayudó en el peor momento"
Jordi Cruyff ya vive en clave perica. El hasta el momento último fichaje de la temporada, el más sonado, se sinceró ayer para AS. Quiere demostrar a la afición que está capacitado para defender sus nuevos colores, que se deje de compararle con Johan, y espera jugar los mejores partidos de su carrera en el Espanyol. Un club con el que ya antes se sentía agradecido.

¿Cómo está?
Animado, con ganas de ponerme bien de una vez por todas y poder entrenarme con los compañeros, no al margen. Ya me falta poco.
¿El Espanyol siempre significó algo especial para usted?
Mire, en 1996 tuve una lesión muy importante en mi última temporada con el Barcelona. Lo cierto es que parecía más importante de lo que realmente era. Estuve mucho tiempo parado con sólo 21 años. Hubo un detalle muy bonito en el que tampoco quiero profundizar. Recibí una llamada de José Manuel Lara, el padre, que me dio mucha fuerza en el peor momento, en el que había incluso rumores de retirada del fútbol profesional.
Cuéntenos.
No quisiera entrar en detalles. Lara debió ver a un chaval acosado por la prensa y la gente y me ayudó con sólo una llamada.
¿Le quiso fichar para el Espanyol?
No, nada de eso. Entonces entendí que todas las rivalidades deportivas que meten desde pequeños entre Barça y Espanyol no sirven de nada, no llevan a ninguna parte. Hay buenas personas en todos los lados. De joven te metes en la dinámica de los derbys y cuando te haces mayor, pasas un poco de largo.
Usted nació bordeando el 0-5 del Barça en el Bernabéu con su padre en plan estrella. ¿Quién le iba a decir a Johan que su hijo acabaría jugando en el Espanyol, no?
Quién iba a decir que yo sería futbolista.
Pero llamándose Jordi Cruyff era muy probable que el río de la vida le llevara a la senda del fútbol, ¿no?
Mis padres nunca me presionaron en ese sentido. Me animaron sobre todo en el tema de los estudios. Eso fue lo primero para ellos, lo cual es de agradecer. Pero cumplidos los 18 años me vi que iba para adelante en el mundo del fútbol...
Y debuta en el Barcelona, y se marcha en esa tarde de mayo ante el Celta en el Camp Nou. Acababan de echar a su padre del banquillo, y usted se fue al vestuario regalando besos y recuerdos...
Sabía que era mi último partido. Era una despedida a través de mí hacia mi padre. Todos sabíamos entonces que me había llegado el momento de descubrir cosas nuevas, lejos del Camp Nou y mi entorno habitual.
Se va Manchester casi con una mano delante y otra detrás.
Me pilló una época joven. No me di cuenta de la grandeza del Manchester hasta unos años más tarde, y también de lo difícil que era jugar allí, en la Premier League. La adaptación fue larga y costosa. El cambio fue bárbaro en todos los sentidos.
¿Qué aprendió del United y del fútbol inglés?
Aprendí a sufrir en el aspecto psíquico. En un año y medio me operaron hasta tres veces, aunque tuve la suerte de encontrar a un club que se mostró muy paciente conmigo. En los últimos años estuve más metido. Es curioso, después de cuatro años sin apenas minutos el club y yo estuvimos hablando de renovar por dos temporadas más. Ellos vieron en mi situación que sólo me faltaba explotar.
¿Llegó a tirar la toalla en la Premier?
No, pero notaba que debía marcharme de allí, y que estaba preparado para jugar. El Celta de Vigo me ayudó a creer que eso era así. En esa cesión comprendí que me había llegado la hora de disputar una Liga más familiar, la española.
Y recayó en un club modesto, el Alavés, un pobre ante tanto pasado en equipos bastente opulentos.
Sí, pero te tratan muy bien desde todos los estamentos, y cuentas con el apoyo de un entrenador como Mané...
¿Le ayudó Mané?
Mucho. Me planté en Vitoria tras cuatro años sin ninguna regularidad en lo futbolístico. Lo normal es que en esas circunstancias los primeros tiempos tengas irregularidad. Pero Mané me fue alternando, siempre con diálogo.
¿Y el último año?
Fallamos todos los que estábamos allí. Teníamos una plantilla muy bonita. Nadie se esperaba bajar, y sí poder quedar entre los diez primeros de la tabla.
¿Hace cuanto que es feliz jugando al fútbol?
Siempre lo he sido. Estoy muy satisfecho de mi carrera, de los pasos que he dado, aunque posiblemente haya tenido menos influencia y trascendencia de la que hubiera deseado.
La pena es que la gente le compare demasiado con Johan, ¿verdad?
No se crea, esto sólo me pasa aquí, en Cataluña. En los demás sitios me dejan tranquilo, y me respetan como soy. Aquí a la afición le gustan las tonterías. Me he pasado siete años jugando fuera y seguimos igual. He sido feliz fuera, tanto en Celta, Alavés como en Inglaterra, jugando como uno más y sin chorradas de este tipo.
Pero ahora estará todavía más en la picota por haber fichado por el eterno rival.
No me importa. Tengo mi propia carrera, que es suficientemente independiente. Tuve que trazar otra línea diferente a la de mi padre, que era un fuera de serie, por que yo soy uno más de entre el 95 por ciento de los futbolistas.
¿Jordi hubiera querido ser Johan?
No. Yo soy yo, y ya está. Que la gente no piense que estoy amargado, sino que me sucede más bien al contrario, estoy encantado de la vida. Ahora sólo espero que mis mejores partidos sean con la camiseta del Espanyol.
Y al perico que dude entre aplaudirle o silbarle, ¿qué le dice?
Pues que si no me viera capacitado para ayudar no hubiera fichado por el Espanyol. Siempre me he comprometido con los clubes en los que he jugado en mi vida. No me muevo demasiado, porque no me gusta, y doy una estabilidad.
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¿Qué tal ve a sus compañeros?
Bien, todos forman una plantilla compacta y con garra. Hay un buen grupo.