Del catalán al euskera
Álex Fernández y Gorka Iraizoz son almas gemelas. Ambos comparten dos pasiones: el fútbol y los idiomas.

n La vida une a menudo a personas que deberían haberse conocido mucho antes. Álex Fernández y Gorka Iraizoz, jugadores de distinta generación y raza, compartirán hoy la última noche de estadía. Dormirán en la misma habitación y seguro que aprovecharán para repasar sus últimos conocimientos sobre euskera (Álex) y catalán (Gorka).
"Yo practico el euskera con él", confiesa Álex, que ha seguido varios cursos del idioma vasco en la Escuela Oficial de Idiomas. "Todavía no soy capaz de mantener una conversación", argumenta. "Es que el euskera es mucho más difícil que el catalán. No tiene una conexión lógica. No conserva la referencia del latín", contesta Gorka, al que el catalán se le da de miedo. "Tengo una novia de Mataró", a lo que Álex añade: "Lo habla muy bien y sobre todo muy fluido". La pareja está constantemente intercambiando conceptos en ambas lenguas. Ellos son así.
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Álex no esconde que Pamplona, Navarra y el País Vasco le cautivaron desde el principio, hasta el punto que cuando regresó a casa tardó un año para sentirse cómodo. "Toda la gente que conozco se ha llevado un gran recuerdo de allí. Tengo un piso en el casco urbano de Pamplona. Aún no sé si viviré allí cuando me retire". Gorka es de Ansoain, un pueblo cercano a la capital navarra, pero en Barcelona ha encontrado su segunda casa. "Álex fue el primero que me acogió hace un año".
Álex tiene espíritu vasco, pero conserva una bandera catalana bien alta. "Cuando estuve allí siempre defendí la cuina catalana. Es mucho más variada que la del País Vasco". Gorka, formado en el histórico Gernika, le mira, sonríe y respira hondo. Su porvenir se empieza a escribir en letras de oro. Toni y Lemmens le llevan ventaja, pero el futuro, sin ningún género de duda, es suyo. Aquí o allí, en catalán o en euskera.