Alonso está por encima de las máquinas
En la Fórmula 1, por mucho que la tecnología se imponga, las sensaciones del hombre debieran prevalecer sobre las matemáticas del ordenador. A éste se le meten todos los datos, todas las variantes, y sale un resultado óptimo. Desde los boxes, cada escudería programa la carrera según ese resultado. El piloto se convierte en mero ejecutor de unas órdenes que le vienen dadas. Hasta los cambios de marcha están automatizados. Al menos se le permite al piloto mover el volante. No es poco, pero tampoco es suficiente para que pueda demostrar si es el mejor piloto o no.
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Un buen piloto se demuestra cuando llegan los problemas. Para adelantar o no dejarse adelantar. Para elegir la mejor trazada. Para no salirse de la pista. Para conducir sin control de tracción y con el cambio automático estropeado. Todo esto lo ha superado Alonso y con nota muy alta. En Renault quedaron asustados cuando consiguió sacar mayor rendimiento al coche conduciéndolo manualmente al estropearse un sensor electrónico. Eso sólo lo puede hacer un grandísimo piloto, alguien con una sensibilidad especial, capaz de mejorar los resultados de un ordenador que no es, al fin y al cabo, inteligente.
Por eso todos apuestan por Alonso. Le ven por encima de cualquier otro piloto. Sus errores no han sido suyos esta temporada. Ayer mismo hubo un manitas que le hizo algo en los frenos. Alonso se sobrepuso y logró estar donde suele en la parrilla, aunque ayer salió a quedar más delante. Mejor hoy para el espectáculo. Más coches a adelantar. El circuito de Hockenheim lo permite por sus casi veinte metros de ancho y Alonso está encantado de ello. Por detrás nadie le va a pasar, así que sólo tiene que tener la vista al frente, muy al frente, porque para ser séptimo no sale. Él quiere podio. Su cuarto del año.
