Bienvenido Beckham
Buen partido del inglés. Cómoda victoria del Real Madrid. Marcaron Figo, Morientes y Portillo

Primera conclusión: Beckham hace mejor al Real Madrid, porque, además de su aportación futbolística (estimable), su presencia sirve para reordenar y dar equilibrio al equipo. Se esperaba un simple cambio táctico y nos encontramos con algo más, como si hubiera bastado tocar una pieza para que todas las demás se vieran afectadas, lo que se conoce por efecto dominó o efecto mariposa, y lo digo sin faltar.
Hubo momentos en los que el Real Madrid, de medio campo hacia arriba, circuló como un equipo de fútbol sala, intercambiando constantemente posiciones, rotando en espiral, nunca sabías quién podía aparecer pero siempre aparecía alguien.
Figo empezó en la izquierda, pero con libertad absoluta para hacer de su capa un sayo. Eso, además de responder a su naturaleza, le llena de felicidad porque no le hace depender del desborde y la velocidad (virtudes de juventud). Ayer podía probar por la banda, pero si el chino era muy pesado buscaba nuevos espacios, nuevos chinos, y lo hacía sin la conciencia de estar pecando, como le sucedía antes. En una de sus incursiones por los terrenos del delantero centro llegó el primer gol.
Algo semejante ocurrió con Zidane, que comenzó en el centro, donde mejor se le ve y menos se dispersa, donde cada pase suyo es un plan. Pero pronto se vio que tenía la intención de investigar otras fronteras.
Y lo milagroso del asunto es que de ese caos, de esa indisciplina posicional, salía música. Si Figo abandonaba su banda, entraba por allí Roberto Carlos o Zidane, y si el francés exploraba otros mundos, su lugar lo ocupaba Raúl, o Makelele, incluso Beckham. Sí, Beckham, porque en esta sinfonía, el inglés, que nos parecía el más perdido, es el más centrado. Es prudente, amito de su casa, asegura, cuida la zona, ofrece ayudas y le llega también para meter balones de gol desde 40 metros (ayer dio dos) o para marcar de falta (ayer lo rozó en un par de ocasiones). Futbolísticamente hablando, David Beckham tal vez no sea el amante perfecto, pero es el marido ideal, pasa la aspiradora, organiza cenas románticas y no se queda dormido.
Si la anárquica armonía que compuso el Madrid fue obra del debutante Carlos Queiroz, hay que rendirse ante él antes de empezar siquiera a luchar, no es fácil diseñar ese sistema de ayudas y desdobles y encima hacer que parezca casual. No obstante, tampoco descarto la suerte ni descarto a los chinos, amables, correosos e inocentes como un cubo. En cualquier caso, hay que felicitar al técnico por no frivolizar el partido y por mantener al equipo de gala durante la mayor parte del encuentro.
Porque fue un choque serio, con ambiente, con un estadio repleto y entregado. De hecho, si Ronaldo hubiera transformado la mitad de las ocasiones de que dispuso, en estos momentos su figura se incluiría en las paredes de los restaurantes chinos junto a las garzas y la cascada en tres dimensiones. En su descargo, además de la contención hormonal a la que está sometido, hay que decir que dio el pase de gol a Figo que sirvió para abrir el marcador.
La segunda conclusión que ofreció el partido fue más bien la confirmación de una sospecha: es un crimen que Guti no sea titular. Su entrada al campo fue una exhibición (pases de gol a Morientes y Portillo) y nos hace pensar que quizá no fuera descabellado que Queiroz manejara dos versiones del primer equipo, una más conservadora, con Makelele, y una segunda, totalmente ofensiva (casi nudista), con Guti al timón.
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En teoría, los dos goles de Morientes deberían aumentar su cotización en el mercado (lástima que no marcara Celades), pero también podrían darle razones para quedarse y esperar una oportunidad, nunca se sabe. Portillo, que salió más tarde y seguro se teme lo peor, también consiguió un tanto, el que cerraba la goleada y dejaba el partido resultón en los resúmenes de la CNN.
Al final, todo salió bien: el entrenador es serio y no ofende, a Beckham le ha bastado un encuentro para integrarse y el equipo se siente renovado. Hasta Pavón ha ganado en aplomo y hace dudar sobre la necesidad de otro central. Es pronto y eran chinos, lo sé, pero no era tanto cuestión de ganar como de gustar. Y ya hay 1.000 millones enamorados.