Yo Digo Juan Mora

Piscinas de quita y pon

Juan Mora
Importado de Hercules
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La piscina de Sant Jordi ha pasado a la historia como la más rápida del mundo. Catorce récords mundiales se han establecido en sus aguas. Dos más que en la piscina de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 y seis más que en la de Fukuoka, donde hace dos años se celebraron los penúltimos Mundiales de natación. Pero la piscina de Sant Jordi no quedará como la piscina talismán donde se hace más fácil que en ninguna otra batir un récord. La piscina desapareció en la noche del domingo, horas después de la última prueba. Así son las instalaciones de élite hoy en día: de quita y pon.

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El que instalaciones de este tipo no sean fijas tiene la ventaja de que pueden incorporar tecnología de última generación. Siempre habrá unos mejores canales de desagüe para impedir que el agua rebote en las paredes del vaso y produzca oleaje, unas innovadoras corcheras con una turbina en su interior que transforme la energía de las olas que provocan los nadadores en energía cinética para absorberlas y amortiguarlas, y una más estudiada combinación de ozono con bromo para purificar el agua, en lugar del tradicional cloro, y aumentar de esta manera su flotabilidad.

La constante mejora en las condiciones de las piscinas provoca que cada año los nadadores encuentren menos obstáculos en su avance y establezcan récords con aparente facilidad. Como si a los atletas se les quitara el viento en contra, lo que ya se consigue en las competiciones bajo techo, pero éstas no coinciden con su mejor puesta a punto de la temporada. Por lo que estamos viendo, en la natación hay, en cambio, mucho margen de mejora. Y lo hay gracias a estas piscinas flotantes que se construyen a la medida de lo que demanda la tecnología punta. En una fija sería impensable.

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