El atletismo, abandonado a su suerte
Cuando alguien quiera, que se lo tome en serio. Ya sea la Federación Española de Atletismo, el Consejo Superior de Deportes (CSD), el Comité Olímpico Español (COE) o el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. El futuro del atletismo español es tenebroso. Este verano ha habido Campeonatos del Mundo juvenil, Campeonatos de Europa sub-23 y Campeonatos de Europa júnior. Abarcan a los atletas de entre 16 y 23 años, es decir, la gama completa de quienes han de tomar el relevo en los próximos siete años. Balance de esos tres Campeonatos: una medalla de plata y cinco de bronce.
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El último año que también coincidieron las tres competiciones fue en 2001. Balance: cuatro medallas de oro, cinco de plata y siete de bronce. Se mejoraba el resultado del anterior, en 1999: cuatro medallas de oro y siete de bronce. La importancia de ganar medallas en estas competiciones es tremenda, porque determinan el futuro. Campeones de Europa júnior han sido gente como Abascal, Massana, Manuel Martínez, Reyes Estévez y Marta Domínguez. Y campeón de Europa sub-23 ha sido Yago Lamela sin ir más lejos. Raro es el atleta bueno que no haya sido medallista de chaval.
Las causas de esta regresión son claras. En los colegios ya no se hace atletismo y la comida basura crea un sobrepeso en los niños que les aleja del deporte. La Federación se desespera porque a los clubes no llegan chavales, el CSD y el COE no tienen entre sus prioridades la promoción del deporte escolar y el Ministerio dice que están transferidas las competencias a las autonomías y que nada puede hacer. Este país no va a ser más feliz porque los niños dejen de hacer atletismo, pero que nadie se sienta responsable del abandono que sufre el deporte básico por excelencia tampoco va a traer nada bueno.
