Los nadadores son más longevos
Thorpe ya ganaba medallas en 1998, Popov incluso desde cuatro años antes, Inge de Bruijn fue la reina de los Mundiales en 2001, Jivanevskaia nadó como rusa en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, a Meca le descubrimos en los Mundiales celebrados hace cinco años. Todos estos nombres volvieron a ser protagonistas en Barcelona 03. La natación se renueva con dificultad. Muchos récords, pero pocos nombres nuevos, aunque el de Phelps ha irrumpido con tanta fuerza que pasará como el rey de los campeonatos, lo cual ya era difícil, porque ahora los grandes campeones duran más.
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El ciclo de Kornelia Ender, con todo lo que significaron sus ocho oros, dos platas y cuatro récords mundiales, sólo duró dos años, los que fueron de los Mundiales de 1973 a los de 1975. Salnikov también marcó una época, entre 1978 y 1982, con cuatro oros y dos platas, como Michael Gross y Kristin Otto entre 1982 y 1986. Ninguno de estos grandísimos nadadores duró más de dos Mundiales. Los relevos generacionales eran continuos. Todo lo contrario de lo que sucede ahora. Cabe preguntarse si no acabaron sus carreras demasiado pronto, si no dieron todo cuanto eran capaces.
Eran otros tiempos. Los nadadores eran reclutados jovencísimos. A los veintipocos años, hartos de nadar y después de alcanzar la gloria, ya no tenían motivaciones para seguir. Gente como Popov, Nina o De Bruijn ya estarían retirados de haber nacido diez años antes. Incluso Thorpe estaría al borde de la retirada. Pero siguen porque ganan dinero. La natación ahora permite ser profesionales a los mejores. Hay contratos publicitarios y una Copa del Mundo comercial. Eso ha provocado que aumente la longevidad de los nadadores. Ahora, para echarles, hay que ser bueno, muy bueno, tanto como Phelps.
