¡Rotonda a ras... y plas!
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Cómo es posible que después de tres semanas de buen tiempo, justo ayer con lo que se estaba jugando, se pone a llover y cae la del pulpo. Si es que estos gabachos no saben qué hacer para dar la nota. Por lo menos fue emocionante apostar por quién sería el favorito que se estamparía contra las balas de paja. El que más se la tenía que jugar era Ullrich y no falló en los pronósticos. Tumbó y tumbó hasta que retumbó. ¡Pobre, no se merecía ese final! Pero esto es, como siempre digo, ciclismo. Y sólo uno se puede subir a lo alto del podio y decir a los demás: "No lo habéis hecho mal, chavalotes, pero yo soy el mejor". En esta ocasión lo volverá a decir Armstrong, que además de no caerse, demostró una vez más lo cariñoso que está este año con todo el mundo volviéndose a abrazar con el ganador de etapa. ¡Este Tour parece La casa de la pradera.
Y por mucho que se sorprenda Carlos de Andrés, ayer ganó uno de los mejores contrarrelojistas del momento. El mismísimo David Millar, aquél que visteis subir al podio con la gorra hacia atrás, ombligo al aire, gallumbos a la vista y pantalones caídos como si le diera igual dónde estuviera: lo mismo podía estar en el podio del Tour que en el escenario con Eminem. Bien por él y su estilo. Con esas pintas podría ser aceptado en la famosa y prestigiosa banda de La Covatilla.