TVE nos hace quedar bien
Cuando se celebra una competición que es televisada al mundo entero, la cadena de televisión que la transmita se convierte en escaparate del país anfitrión. Por eso es normal que eche el resto, sobre todo cuando se trata de una cadena pública. La televisión siempre se asocia a una imagen de modernidad y tecnología de última generación; cuantas más novedades perciba el telespectador, mejor. Ya no es sólo cuestión del número de cámaras, sino de medios e imaginación. Y en estos Mundiales de natación, Televisión Española realiza un derroche que no pasa desapercibido.
Noticias relacionadas
Por lo pronto, hace visible si un nadador está en tiempos de récord mundial, según nade por delante o por detrás de una línea roja que incorpora el realizador en las tomas generales. En cuanto llegan los competidores aparecen sobreimpresionados sobre sus calles el puesto realizado y el nombre. Esta novedad resuelve al instante las dudas que plantean las apretadas llegadas, pues las décimas de diferencia que hay en las finales hace imposible apreciar a simple vista quiénes han sido los medallistas. El telespectador recibe así información más rápida y precisa que si estuviera en la piscina.
Las cámaras subacuáticas y las empleadas para acompañar la caída de los saltadores alquiladas en Australia a la única empresa del mundo que las tiene, más un equipo de trescientas personas repartidas por las cinco instalaciones de los Mundiales, permiten que asistamos a una transmisión de natación incluso superior a la ofrecida en los Juegos Olímpicos de Barcelona, donde había que dispersar los medios. Todo esto, al final, cuesta una millonada, unos cuatro con derechos de transmisión, pero es a cambio de lanzar al mundo durante dos semanas una imagen de país avanzado.
