Natación | Mundial de Barcelona

El oro de Moscú

"Es un honor perder ante Popov la final de 100 metros: cuando yo tenía 15 años, su póster presidía la pared de mi habitación", dice VD Hoogenband.

<b>INGENIERÍA SOVIÉTICA.</b> Popov, la mejor obra de la ingeniería soviética, pudo más que VDH y la Philips.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

CCCP, en letras blancas sobre camisetas rojas y con la hoz y el martillo sobre el corazón. Un grupo de rusos y rusas bajaban de esta guisa por la Avenida del Estadio de Montjuïc. Cantaban eso que empieza Salyute Russiyi Sloboda Naroda, Viva la Patria Rusa Libre, y que con música de marcha un poco militar, tantas veces ha sonado en tantos podios olímpicos y de tantos Campeonatos: junto al himno de Estados Unidos. O junto a la Marcha de los Trabajadores de la República Democrática de Alemania. Y eso que había ganado el Zar: Salyute Russiyi.

Pero este Zar, Alejandro I, Sasha Popov, no es de este mundo. No es un ruso cualquiera, es un huso filiforme. Tiene la quilla afilada del Acorazado Potemkin. Cuando Popov nada se hace el silencio: como en el Bolshoi o en la Maestranza. Eisenstein y Boris Pasternak se hubieran enamorado de la leyenda de Alex Popov. En 1992, cuando sólo le conocían en Europa, destronó a Matt Biondi en la Revolución Roja de Barcelona 92. En 1997, unos mafiosos le apuñalaron el pulmón, en Moscú. Vivió y resucitó en Australia. Vive ahora en Ginebra. Vive. Gana.

Ayer, a los 11 años de la Revolución del 92, Popov dio el golpe del Mundial del 2003. Por la escalinata del Sant Jordi cayeron Van den Hoogenband y Thorpe, que habían perdido la final de 100 libre casi desde la primera brazada: acomplejados, VDH y el Tiburón torpedo nadaban contra su ídolo, el nadador del Volga y del Bolshoi que ha convertido la natación en el ballet silencioso del deslizamiento: lo que le enseñó y le enseña Gennadi Touretski, el último director técnico de la natación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, CCCP. La supertécnica del superdotado. Salyute Russiyi, cantaban aquellos hombres entre 1917 y 1991, cuando la bandera tan roja como esas camisetas de la CCCP, subía a los podios del mundo.

VDH y Thorpe supieron que nada tenían que hacer cuando Popov marcó 22.91, paso de récord mundial, en los primeros 50 metros de su semifinal del miércoles. VDH ganó esa carrera, pero perdió la final, porque se dio cuenta de la deceleración de Popov en el último largo: lo había hecho tan fácil...

Quilla silenciosa. Y la final, de tan sencilla, fue extraña. VDH y Thorpe se vieron en el agua emparedados entre la sombra de una quilla silenciosa, la del Potemkin, y unos pies rítmicos, los de Popov, similares a los maestros del Kirov o del Bolshoi. VDH y Thorpe contemplaban la lección de ballet acuático que dictaba Alejandro I El Grande, que ya pasó destacado los 50 metros: 23.05.

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En el sonido silencioso del ritmo de Popov, también se hipnotizaban y hundían Lezak y Bousquet. Aquí, cuando contaba, fue sexto, empatado ex aequo con el séptimo. Llegó cuando Popov saludaba al Sant Jordi como si fuera Nureyev.

Después, el Zar recibió el aplauso de los periodistas que estuvieron con él. Les dio las gracias. VDH dijo: "Es un honor perder esta final ante Popov. A los 15 años, yo tenía su póster en mi cuarto". Thorpe se marchó como alma que lleva Tracey Menzies. Popov dijo que Touretski se había limitado a decirle que nadara bien. Así fue como el oro del Sant Jordi se fue a Moscú en busca de las camisetas rojas de la CCCP. Salyute Russiyi.

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