Maxi-Bastía: entre la red, el mate y la cumbia

Peralada. Día 2. Adrián Bastía y Maxi Rodríguez duermen juntos en el hotel españolista. Son argentinos, el primero novel en el Espanyol y La Fiera lleva un año de triunfo como blanquiazul: pocos goles pero mucho sacrificio y rendimiento. Bastía se presenta en sociedad con prudencia, evitando destacar por encima de nadie, con la piel más bien blanca (se nota que en Argentina ahora mismo es invierno) y con el máximo respeto hacia todo. Con los periodistas también. Para conocer a Bastía (ya tendremos tiempo) es conveniente contarle a la gente cómo conviven dos argentinos en Peralada.
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Maxi y Adrián están a gusto pero tienen la patria querida metida en la cabeza. ¿Y quién no? Internet es su principal apoyo para comunicarse con la familia. "Así nos sentimos más cerca", señalan. Olé, Clarín, La Capital... son periódicos de lectura obligada para ellos. "¿Qué pasó con Ponzio? ¿Y con Milito?...". La red ayuda a sentirse partícipe de una recuperación nacional que aseguran se está haciendo con mucho acierto. La frialdad de un ordenador en una sala común en el hotel les impide, sin embargo, sentir el sabor del Mar de Plata, o el olor de las noches de fiesta en la Rosario de la familia Rodríguez. ¿Qué hacer para solucionarlo? Convertir la habitación en un piso cualquiera de la avenida Corrientes. La pareja toma mate ("con agua fría", desliza Adrián, casi con la timidez propia de un recién llegado) y escucha música cumbia sin cesar. Los discos compactos de La Mona, Mario Pereira o Leo Matteoli giran en la Playstation. ¿Juegos? A uno de los dos se le olvidaron en su casa de Castelldefels, donde ya son vecinos.
Alguno diría que mantener estas tradiciones puede considerarse como un síntoma de inadaptación en un ambiente diferente al de su pueblo natal. Quizá pueda parecerlo, pero no hay que llevarse a engaño. Tanto a Adrián como a Maxi no se les nota en absoluto desubicados, fuera de lugar. Simplemente sienten con convicción que son parte de una colonia importante, y de un grupo puntero de gente que debe llevar la bandera de su país bien alta por lejano que sea el lugar donde vivan. "Somos argentinos de corazón, y así lo demostramos. Las tradiciones nos las llevamos en la maleta, ya que creemos fervientemente en ellas".