Ciclismo | Tour

Último cartucho

Los Pirineos se despiden hoy con dos puertos durísimos: Soudet y Bagarguy. Es la última oportunidad de mover la carrera antes de la crono del sábado.

<b>LISTO PARA VENCER.</b> Armstrong preparó ayer su bicicleta en la segunda jornada de descanso.
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No se vayan todavía, que aún hay más. Me visto de superratón (no hace falta mucho disfraz) para recordarles que hoy se disputa la última etapa de los Pirineos, una jornada durísima en la que se subirán el Soudet (21 km de ascensión) y el desconocido y terrorífico Col de Bagarguy, de 14 km y pendientes de hasta el 15% (Alpe d’Huez no pasa del 10%). El inconveniente, que podría no serlo, no se aflojen, es que desde la última cima hasta meta quedan 80 km de continuos toboganes.

El Tour no está acabado. Si Ullrich ordena que su equipo destroce la carrera en el Soudet, no coronarán más de 15 ciclistas en cabeza, los mismos que comenzarán a trepar por el Col de Bagarguy. Lo lógico es que a esta cumbre lleguen en solitario Ullrich, Armstrong, Mayo, Zubeldia y Basso, dudo mucho que lo resista Vinokourov. Si entra alguien más en el descenso (Hamilton, Mancebo, Sastre...), será bienvenido.

Justo cuando acaba la bajada hay un sprint especial y 18 km después, otro. Ambos reparten tentadoras bonificaciones de 6, 4 y 2 segundos por las que luchará Ullrich. Estoy seguro de que si el alemán reduce su diferencia con Armstrong a menos de un minuto afrontará la crono del sábado casi con las mismas posibilidades que el americano y, lo que es más importante, con idéntica moral.

Podio en juego. Es de suponer que todos los escapados, a excepción del líder, estarán interesados en que la fuga alcance la meta. E incluyo a los Euskalteles, siempre y cuando Julián Gorospe no lo estime muy arriesgado, que la vida está muy achuchada y Vinokourov es buen chaval.

Habría, calculo, una posibilidad entre cinco de que este grupo de favoritos se jugara la victoria en Bayona, donde se volverán a repartir bonificaciones de 20, 12 y 8 segundos para los tres primeros. El Tour de Francia se podría decidir al sprint. Y en teoría, en un final así, Ullrich sería el más rápido. No les niego que esto es ciclismo ficción, susceptible de gafarse al hacerlo público, pero admitirán que resulta extremadamente excitante.

Eclipsado. La verdad es que cualquier plan está encaminado a salvar a Ullrich (o viceversa), cuya forma de perder es de un romanticismo embriagador. Tal vez esto se explica porque no estamos asistiendo a la pelea de un segundón que vive por encima de sus posibilidades, sino a la lucha contra el destino de un verdadero campeón que ganó el Tour a los 23 años y que con 29 va camino de sumar su quinto segundo puesto (Zoetemelk acumuló seis). Nunca un gran dominador de la carrera (Armstrong, Indurain, Hinault, Merckx o Anquetil) eclipsó a un ciclista de tanta categoría.

La jornada de hoy, última de montaña, nos servirá para terminar de evaluar las decepciones y las revelaciones. Entre las primeras, Mancebo, al que el Tour le queda grande, ya es seguro. O Botero, ejemplo de gran corredor sin fe. Por no hablar de Simoni, un ganador del Giro acomplejado en el Tour, como tantos italianos antes.

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Entre las revelaciones, los primos Astarloza y Chaurreau (AG2R), a los que dan ganas de ver mucho. También Chavanel (Boulangere), un corredor al estilo Virenque que promete al ciclismo francés un mejor futuro (cosa que no es difícil). Sin olvidar al australiano Rogers (Quick Step), genio reconvertido en gregario, o a los rusos del ibanesto, lástima que su estepa no sea la andaluza.

Todavía es pronto para poner una nota definitiva a Zubeldia y Mayo (que será alta) o a Freire, muy capaz de ganar en París. Para ellos y otros muchos todavía hay carrera. Y trampas, como la de hoy.

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