Malos ejemplos
Wildeboer salió de la piscina y dijo que era lenta. Justificaba así su eliminación en los Mundiales de natación. Para hacer más creíbles sus palabras, reveló que otros nadadores también le habían dicho que la piscina era lenta: no absorbía el oleaje. Su afirmación, de ser cierta, sonaba a denuncia, pues la piscina incorpora los mayores avances para neutralizar el oleaje, aunque también a excusa: si era lenta lo sería para todos. Pero para todos los malos, porque los buenos, sobre esa misma piscina, llevaban ya dos récords mundiales: Welsh en 50 mariposa y Leisel Jones en 100 braza.
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Minutos después de que hablara Wildeboer, cayó otro récord mundial más, el de Kitajima en 100 braza, y Nina mejoró el de España de 100 espalda, por lo que se metió en la final con suma facilidad. Si Wildeboer hubiera mejorado su marca personal también se hubiera metido en su final. Pero como se quedó a más de medio segundo de ella, pues dijo que la piscina era lenta. Y se quedó tan pancho. Esta actitud conformista y justificadora sobra en nuestros equipos de élite. Cuando no se da lo mejor de sí mismo las excusas están de más, algunas tan peregrinas que dejan a uno en evidencia.
Los campeones son los que nunca necesitan excusas. Si se caen no echan la culpa a nadie, y cuando se levantan lo hacen enrabietados. Lo vimos ayer con Armstrong. Y en la natación con Nina, quien al verse en su declive se ha preparado como nunca y ha aceptado la responsabilidad de ir a por una medalla al competir en casa. Esos son buenos ejemplos, no el de Wildeboer. Ni siquiera tampoco el de Mayo y Zubeldia ayer en el Tour cuando atacaron a Ullrich. No tenían fuerzas para darle un relevo en la ascensión final, pero sí las sacaron para sprintarle y birlarle la bonificación. Fue un feo detalle.
