El rey es el rey
Armstrong atacó en Luz Ardiden y deja casi sentenciado el Tour. Ullrich perdió 40 segundos y está a 1:07 en la general. Hoy, segunda jornada de descanso.

Les confieso que cada arenga la hacía subido a un cajón en el que guardaba una bandera blanca. Pensé tanto en las maneras de vencer a Armstrong como en la forma de rendirnos. Y cuando ya celebraba la sucesión, me toca sacar la bandera. Sin embargo, no me cuesta entregarme. No le odiábamos a él, sino a la monotonía. Y si quisimos proteger el récord de Indurain, fue porque ha sido un campeón que se ha protegido poco. Pero ahora pienso si no serán más importantes dos resurrecciones que cinco Tours seguidos.
Porque la carrera está casi sentenciada y ese casi es la contrarreloj del próximo sábado, que Ullrich afrontará con una desventaja de 1:07, un hilo de esperanza para el alemán si se recuerda que la primera crono, muy similar, la ganó con una diferencia de 1:36. Pero Ullrich, que hasta ayer tenía el Tour en sus manos, ha salido derrotado más psicológica que deportivamente y de esos fracasos uno se recupera peor.
Nadie podía imaginar un desenlace así cuando el alemán demarró en el Tourmalet y Armstrong fue incapaz de seguirle. Era un ataque suicida, de campeonísimo, muy lejos y muy solo, pues no había nadie por delante que pudiera ayudarle, si acaso dos tipos que bastante tenían con sobrevivir, Botero y Chavanel.
Actitud absurda. Lo cierto es que Armstrong nunca perdió contacto visual, apenas hubo 15 segundos de ventaja, su distancia en la general, y después de unos minutos de incertidumbre terminó por enlazar, como lo hicieron Mayo y Zubeldia.
Vinokourov se había quedado descolgado y parecía razonable que los del Euskaltel entraran en los relevos para distanciarlo y luchar por el tercer puesto del podio. Pero no se movieron, ni en la subida ni en el descenso. Consecuencia de esa actitud tan absurda, timorata, vacía de estrategia: Vinokourov, que había perdido 1:17 en la cima, cazó al grupo.
Una vez lanzada la carrera, Armstrong fue el primero en atacar, a su rueda saltó Mayo y a la de ambos se iba a incorporar Ullrich cuando el líder se enganchó con un espectador y se fue al suelo arrastrando al español.
Fueron momentos de confusión en los que Armstrong estuvo cerca de caerse por segunda vez al fallarle el calapié. Sin embargo, Ullrich, que podía haber obtenido ventaja, decidió esperar a los accidentados, atención que no tuvo Armstrong cuando quien se cayó fue Beloki. Nada más reintegrarse al grupo, ni gracias ni historias, el americano volvió a demarrar. Ya no le volvieron a ver.
Mano a mano. El resto fue una persecución, Armstrong contra Ullrich, porque al alemán no le dio un relevo nadie, ni Basso, ni Moreau, ni Hamilton ni los dos Euskaltel, Zubeldia y Mayo, víctimas (y culpables) de una nefasta dirección (?) de equipo que ha podido costarles el podio. Vinokourov, que se volvió a descolgar en Luz Ardiden, debe estarles agradecido: en meta perdió 2:07 y salvó el tercer puesto.
Noticias relacionadas
Al final, hubo 40 segundos de diferencia entre Armstrong y Ullrich, más los 20 de bonificación que se llevó el americano. Mayo, que sí esprintó, arañó 12 segundos y el alemán se tuvo que conformar con los 8 que se otorgan al tercero. Las bonificaciones son casi tan absurdas como la crono por equipos.
Enseño la bandera blanca, pero no mucho, todavía confío en que suceda algo, un corte que permita a Ullrich arañar segundos en un sprint especial, volver a la pelea. Hay que rendirse poco a poco y con los dedos cruzados.