Los héroes tienen más de 30 años
Jenny Thompson y Alexander Popov llenan con su clase la primera jornada de finales, mientras Ian Thorpe se pasea ante Grant Hackett en 400 libres.


Tracey Menzies es una mujercita de Sydney que no parece australiana. Es morenita, profesora de Arte y con naricilla respingona. Pero en el aula de la pequeña profesora está enjaulado el gran escualo que, se suponía, iba a dar color a la aventura equinoccial de este Mundial: hace unos meses, por algún extraño giro del destino, Ian Thorpe dejó tirado a su entrenador de siempre, Doug Frost, y se fue a entrenar con Menzies. Y...
Y el Torpedo hace justo lo que Menzies le dice: no se diferencia mucho de casi cualquier hombre cuando escucha a una mujer, aunque Menzies tiene su novio, al que deja plantado para irse de gira con Thorpe. Natural. Es que comparar al novio de una con Thorpe tiene su aquél...
Y Tracey le dice al pequeño Ian, que gana un millón de dólares, que nade "concentrado en el ABC, como si fuera un cursillista de la Piscina Municipal de Sydney". Que esté al control de las cosas, de las finales y de las medallas y poco más. "Está claro: nuestro objetivo está en los Juegos de Atenas y este Mundial no es más que una etapa o un peldaño por el que pasamos mirando con cuidado, porque nos sirve para los Juegos. No mucho más", dice Doña Tracey.
Dominar la ola de proa. No dicen mentira. Y no cuentan toda la verdad: lo que están haciendo Thorpe y Tracey es un curioso experimento: "Hasta ahora, todos sabíamos que mi mejor cualidad era hermanarme con el agua y manejar bien la ola de proa que yo genero en cada ciclo de avance. Pero ahora queremos ganar un paso: dominar el agua y aprovechar esa ola en nuestro beneficio, como si estuviera haciendo body surf. Nos va a llevar tiempo, pero ya verán los resultados", ha revelado Thorpe.
Tan así es que Torpedo Ian ha insistido a los australianos: "No pasa nada si aquí no lo gano todo. Volveremos a entrenar Tracey y yo, y ya veremos en Atenas". Ya: por eso Thorpe está machacando la braza, el punto flaco donde Phelps puede aserrarle el costado en 200 estilos...
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Así las cosas, y con Hackett presa del pánico y del complejo de inferioridad, Thorpe se paseó en la final de 400 libres. A Hackett le parecía muy bien la plata. Y Thorpe pensaba en Phelps. Y en Tracey Menzies.
La robusta walkiria Hannah Stockbauer, oro femenino, en 400, y el bracista kamikaze de Tokio Kusuke Kitajima airearon la tarde. Ahí llegaron Alex Popov y Jenny Thompson. El Zar de Sverdlovsk y la neoyorquina de Stanford. Héroes de más de 30 años, repletos de suave clase competitiva Popov y Thompson salvaron los oros de los relevos para Rusia y Estados Unidos. Después, no funcionó el CD del himno americano y Jenny y sus amigas hubieron de cantar el Barras y Estrellas entre sonidos extraños. Y que bien se lo sabían.