La foto-finish bajo el dedo de Colón
Meca atrapa su segunda medalla tras 25 kilómetros asombrosos a un ritmo mortal y que necesitaron 15 minutos de deliberaciones.


T iembla el dedo de Colón, porque el dedo del Almirante en el calor húmedo del Port Vell es el dedo jadeante de Dave Meca. Yo lo vi, por éstas que lo vi: después de 25 kilómetros y cinco horas entre medusas y corrientes de aceite, siete guerreros nadaban en busca del dedo de Colón y de la foto-finish. Guerreros, guerrers. Llach y Kavafis habrían dicho que venían de Itaca o de por ahí.
"Esto sólo puede pasar en Barcelona, esta ciudad es fantástica prodigiosa. En Australia hace más calor", sentenciaba Greg Towle, el entrenador de los australianos, que ya anduvo por aquí cuando el 92. Towle no ha leído a Eduardo Mendoza. Pero vio como Meca, el ruso Kudinov y el búlgaro Stoichev, tres guerrers, tiburones famélicos, cianóticos, en deuda de oxígeno y mareados, braceaban entre codazos. Habían desayunado medusas empapadas en brea y aceite de barcos. Ahora querían el postre de las medallas: a dentelladas.
Meca se pasó más de 15 minutos, mientras el jurado deliberaba, hablando sin hablar en él, casi catatónico: "Esto es una putada, nadar cinco horas para acabar así". Habían echado al infame payaso streaker Mark Roberts. Periodistas asiáticos convertían la Zona Mixta del Port Vell en el Río Amarillo. Fotógrafos hirvientes discutían con la organización por no haber estado en los barcos: aceite y brea.
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De repente, a Meca le apareció una tercera bandera, verde, blanca y amarilla junto a la de España y a la senyera catalana: era la bandera de Sabadell. Se la había dado el alcalde, Manuel Bustos. Faltaba la de Los Angeles de California: allí, Meca aprendió a ser el que es. Pasaron 15 minutos de calor, humedad y angustia. Llegó Álex Martín, decimocuarto: "Los de cabeza han ido en grupo, porque era la mejor táctica". En el agua, Ester Núñez agonizaba en busca de la séptima plaza, la de finalista. Acabó novena, perdió la beca y le dio el jamacuco.
Y la foto-finish cantó la plata de Meca, segundo tras Kudinov por media brazada y cuatro centésimas. Era su segunda medalla y, más importante, le hacía dueño del escenario. Más dueño que el tembloroso dedo del Almirante Colón. Por éstas, que yo lo vi.