Ciclismo | Tour 2003

Sastre se hace mayor

Recital del abulense en la primera etapa pirenaica. Sólo Zubeldia resiste el ritmo de Ullrich, que acorrala a Armstrong y se sitúa a 15 segundos del liderato.

<b>CELEBRACIÓN PECULIAR.</b> El vencedor Carlos Sastre tuvo tiempo en la meta hasta para colocarse un chupete como dedicatoria a su hija Claudia.
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Ganó Sastre, fantástico, homérico, y seguramente sólo le faltaba una victoria así para creer en sus posibilidades, para pasar de secundario a principal, grandioso, ya digo, pero si me preguntan por lo del chupete, lo siento, no lo entiendo, toda la vida soñando con ganar una etapa del Tour para llegar de esa guisa, no me lo explico, la foto más importante de tu vida, la que colocarás encima del televisor y mostrarás a la posteridad como señal de heroísmo, esa imagen legendaria, con chupete.

Debo ser un clásico, pero creo que nos sumergimos en una peligrosa espiral de originales celebraciones que ya sufrió el fútbol. Está bien que Flecha lo festeje en plan arquero, tiene su gracia, incluso son aceptables quienes simulan acunar a un bebé, pero todo lo que trascienda la mímica e incorpore, digamos, instrumental, debería ser erradicado de inmediato. Temo especialmente las próximas victorias de Vicioso y del Rabobank.

Pero ni el chupete resta mérito al triunfo de Sastre, que, para ser escalador, no es un corredor nada sobreactuado, sino un ciclista serio y en progresión: 20º en su primer Tour y 10º en el siguiente, hace un año, a pesar de estar, entonces y ahora, algo reprimido por la capitanía de Hamilton.

Sastre se escapó en las durísimas rampas de Pailhéres en compañía de Mercado y juntos alcanzaron a Rubiera. Quizá por el cansancio de uno y las órdenes del otro, fue Sastre quien llevó el peso de la fuga, extrañamente convencido de que podría resistir el empujón de los favoritos en el último puerto. Y así fue. De esa victoria saldrá un ciclista nuevo que es probable que gane más etapas, en cuyo caso se le perdonará lo del chupete.

Por detrás se vivía el Tour más excitante de los últimos años. En la penúltima y criminal montaña, Mayo demarró dos veces y fue contestado por Armstrong. Parecían pruebas, no ataques definitivos, la estrategia perfecta, porque Mayo daba la impresión de jugar luego a descolgarse, como Perico. Pero no jugaba.

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En la subida a Bonascre, Mayo terminó por ceder. Rubiera imponía el ritmo y Armstrong pretendía desmentir su mala cara con una actitud agresiva. Hasta que ya no pudo disimular más. Fue Zubeldia quien le descubrió con un ataque de purasangre que sólo pudo responder Ullrich en el primer momento. Cuando se reagruparon fue Vinokourov quien arrancó. Esa embestida dejó a Armstrong descolgado, casi muerto. Hasta el punto de que Ullrich, en persona, quiso darle la puntilla. Pero no lo logró, porque este campeón tan grande no caerá de un golpe, sino que habrá que derrumbarlo con mil; al final sólo perdió siete segundos en meta, aunque Ullrich ganó 12 de bonificaciones y Zubeldia, 8.

Armstrong mantiene el liderato por 15 segundos, herido, pero aún en pie. Jamás se había visto rodeado. Y puede morir matando (quizá hoy), renunciando al control, dejando que se escape Mayo, forzando el trabajo de Ullrich; si quieres el Tour, gánatelo. Si ellos se devoran, quedarán Vinokourov (tocadito) y Zubeldia, que ayer supo que acabará ganando esta carrera. Falta conocer el día.

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