Un talento desde la cuna
Su padre, Joao, pronosticó que sería un crack cuando sólo tenía ocho años


Cuando el Torino intentaba fichar a Assís, jugador del Gremio, en 1987, su padre Joao avisó: "¿Ustedes creen que contratan un crack? Pues entonces fíjense en su hermano de ocho años y ya verán". Ese hermano pequeño creció y con el nombre de Ronaldinho se ha convertido ya en uno de los mejores futbolistas brasileños de los últimos veinte años. Y eso es decir mucho, claro. Talento puro, segundo delantero o centrocampista muy ofensivo, siempre con libertad para inventar. Diestro, especialmente hábil con el balón en carrera, a veces demasiado individualista, llega al Barcelona tras una temporada sin divertirse mucho en el París Saint Germain. Extraño, porque Ronaldinho siempre juega con una sonrisa en la boca, disfruta y transmite esa sensación al resto.
Ahora tiene 23 años, y parece que fue ayer cuando dejaba boquiabierto a todo Brasil. Varias veces, por cierto. Una, cuando volvió loco al veterano Dunga en una final entre su Gremio y el Internacional de Portoalegre. Un Grenal (así se le llama a aquel clásico) que significó su puesta de largo con 17 años. Luego llegaría el título del mundo con la Sub-17 en Egipto y las primeras apariciones en la absoluta. Aún entonces se le conocía como Ronaldinho Gaucho para evitar confusiones con el otro Ronaldinho, el madridista. Hoy, uno es Ronaldo y otro Ronaldinho, y los dos funcionaron juntos para ganar el Mundial de Corea y Japón.
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Su padre Joao fue un modestísimo jugador del Cruzeiro de Portoalegre. Su muerte, en 1989, por paro cardíaco le impidió ver el despegue de su hijo que él mismo pronosticó. Cuentan que un día en el fútbol infantil marcó 24 goles en un partido que su equipo ganó 24-0, y que cuatro fueron de córner directo. No extraña, por su seca pegada a la pelota, como bien podría explicar Seaman tras el gol que significó la eliminación inglesa en Japón.
Con 17 años, el presidente del Gremio, Luis Carlos Silveira, se vio obligado a blindarle con su primer contrato profesional. Cuando Celso Roth reemplazó a Edinho como técnico del Gremio no lo dudó. Ronaldinho, titular indiscutible. A pesar de perderse muchos partidos por el Mundial Sub-20 de Nigeria terminó por delante de Christian como máximo goleador del Gremio, y no tardó en llegar a la absoluta. En su segunda internacionalidad hizo uno de los goles de su carrera. Fue ante Venezuela, en la copa América de 1999, con una obra de arte que empezó con un sombrero a un defensor, siguió con un control orientado en un ladrillo y terminó con disparo certero al primer palo. Ronaldinho se había presentado al mundo y ya nadie le paró.