Nina Jivanevskaia: "Coughlin me gana porque gasta un 42"
Tras las gemas en sincronía de Mengual, suena la Operación Triunfo de Nina: de Nina Jivanevskaia, española y tan residente en Torremolinos como nacida en Moscú por las cosas de la vida. Si hay medallas españolas en la natación, ésas deben ser las de la rubísima moscovita de Torremolinos.


-Que Nina esté integrada en una concentración del equipo nacional, en el mismo hotel y como una más, se le hace raro incluso a los compañeros. Y a los periodistas, claro...
Bueno... sólo me he perdido en el último año un par de concentraciones: una porque estaba compitiendo, y la otra porque estaba lesionada. Pero no tendría que llamar la atención que me entrenara en mi casa. Mire, la natación no es un deporte de equipo. Al contrario: salen adelante los que más saben dominar la responsabilidad y la presión por sí mismos. Ahora veremos los resultados. Serán mejores para los que puedan con la presión, que va a existir, porque nadamos ante nuestro público, en casa.
Textual. Natalie Coughlin dijo ayer: "Jivanevskaia is the underdog". Más o menos, la que le va a dar la lata: o la segunda favorita. ¿Qué dice usted?
Para mí, ella es la mejor nadadora del mundo, sobre todo por el físico. Pero yo no nado menos que ella. Nos separan pequeños detalles.
Usted misma...
La primera clave es que ella nada mucho y muy bien por debajo del agua, a base de potencia y del gran físico que tienen todos los americanos. Pero en la superficie del agua vamos empatadas. Después, hay otro detalle: ella tiene un 42 de pie y yo un 36. Eso termina contando.
¿Llega bien al Mundial, Nina, o habrá alguna excusa si las cosas no salen? Porque excusas traen hasta el enfermo imaginario Thorpe y los holandeses, con el oleaje de la piscina y las corcheras...
Lo ve, ése es el asunto. Estoy bien, perfectamente bien, me he entrenado a tope y saldré a nadar lo mejor que sepa. Yo siempre digo y creo que las cosas hay que demostrarlas ahí, en la piscina (Y apunta a la vasija acuática del Sant Jordi).
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Y eso del oleaje y las corcheras...
Hum, pues sí que las calles son estrechas y las corcheras devuelven oleaje, pero es que hay mucha gente entrenándose. Eso no es nuevo. A mí me pasa en Torremolinos: nada, nada. A nadar.