Ullrich fue Indurain
El alemán aventajó a Armstrong en 1:36 y ahora es segundo en la general a 34 segundos. Mayo cedió 5:03 y hoy empezará a recortar tiempo en los Pirineos.

Nos encontramos ante una situación tan llena de imperfecciones que probablemente sea la situación perfecta. Nadie tiene nada ganado, pero todos han ganado algo. Incluso Mayo, que perdió demasiado tiempo (5:03), habrá ganado en valor. Ya no tiene un podio que defender (miedo me daba) y eso le hará más valiente y le obligará a atacar de lejos, a tomar el único camino por el que podía, y aún puede, ganar el Tour. También saldrá favorecido del marcaje al que se someterán los tres primeros, tan juntos, que no verán a nadie más. Ni siquiera a Zubeldia.
Pero vayamos por partes: Ullrich fue Indurain, arrasó en la crono y le metió a Armstrong, entre otras cosas, 1:36. El americano descubrió que es humano, asunto que empezaba a dudar. La diferencia entre ambos en la general es de 34 segundos. Teóricamente, Ullrich podría soñar con no perder tiempo en los Pirineos y jugarse la victoria en la última crono. Por eso, Armstrong le atacará hoy. Y mañana. Y pasado.
Objetivo de esas sacudidas será también el tercer hombre, Vinokourov, excelente en la crono (a 2:06) y tipo peligrosísimo porque ni él mismo sabe si va de farol. Sus explosivos arranques en la montaña pueden acabar con cualquiera, incluido él. Es imprevisible. Desde la muerte de su amigo Kivilev vive en estado trance, un poco como la protagonista de Ghost.
Precisamente la vigilancia a la que se someterán Armstrong, Ullrich y Vinokourov abrirá las puertas de quienes les persiguen. El primero de ellos es Tyler Hamilton (nombre de héroe), a 2:43 en la crono y a 2:59 en la general. Y ha llegado hasta aquí con la clavícula fracturada. No quiero ni pensar su reacción cuando le suelde el hueso. Y cuidado porque es un ciclista que va a más según pasan los días.
Y llegamos a los españoles. Zubeldia, que estuvo sublime en la crono (a 2:40) es ahora quinto en la general, a 4:29, igual que Mayo. Es bueno que estén igualados, porque así ninguno se someterá al otro, como sucedió en los Alpes, donde Zubeldia dio la impresión de subir con el ancla echado. En cierta manera, ambos forman una pareja muy similar a la que hacían Indurain y Perico, porque uno es ritmo y el otro calambre. De camino al podio, pueden encontrarse con el Tour, insisto. Sólo espero que a Euskaltel no le cieguen las victorias de etapa.
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Y cómo no hablar de Mancebo (a cinco minutos en la etapa y a otros tantos en la general), que a pesar de todo sigue en la pomada y amenaza con completar su transformación de gusano a mariposa.
Todos ellos se la jugarán hoy en los Pirineos, llegada en alto, el penúltimo puerto durísimo, lugar perfecto para escribir una historia. El final ya se verá.