Dos medallas están pero que muy bien
Dos medallas en los Mundiales de natación son muchas medallas. Me refiero para la Selección, acostumbrada como está a subir al podio de esta competición con cuentagotas. En los Mundiales de 2001 lo hizo una vez (waterpolo), dos en los de 1998 (waterpolo y Meca) y tres en los de 1994 y 1991 (waterpolo y López-Zubero en ambas ocasiones). Por eso ganar dos medallas en un solo día, cuando quedan, además, diez de competición está muy requetebién. En los Mundiales de atletismo de 2001 ganamos tres medallas y fue un exitazo. Pues en éstos de natación aún ha de caer alguna más.
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Es la ventaja de competir en casa. Los nadadores se preparan con mayor intensidad y dedicación. Mejoran los resultados y llegan las medallas. Son estos Mundiales en la Conchinchina y lo mismo no se gana medalla en la combinada por la sencilla razón de que no hay el mismo nivel de exigencia en el equipo. Pero como los Mundiales son en Barcelona y se trata de una prueba recién creada, de participación muy limitada por tanto (sólo se inscribieron doce equipos, algunos sin la menor tradición en sincronizada), subir al podio era cuestión de mucho entrenamiento y entusiasmo.
Cogido a tiempo el tren de la combinada, también se pudo coger el de aguas abiertas, aunque la irrupción de Meca no se debió a ninguna planificación, sino que apareció por libre cuando la especialidad se hizo oficial. Para un tipo acostumbrado a realizar exhibiciones de larguísima distancia por América, hacer 10 kilómetros o 25 es un aperitivo. El caso es que ya hay dos medallas gracias al esfuerzo, individual y colectivo, de deportistas que dejan lo mejor de su juventud para entrenarse todos los días. A Meca le sirve para ser profesional y a las chicas de la sincronizada, para encontrar la excelencia.
